Flor

Mi abuelita me dijo:

“Nunca te dejes hacer cochinadas. Los hombres que vienen del Norte, dicen que les abren las bocas a las mujeres, meten lengua y tentalean por todas partes. Nunca dejes que te metan la cochina lengua, qué es eso, es pecado, te digo lo siguiente porque sé de Toño, tu novio. Está de buen ver, pero acuérdate, entre más bien parecido el hombre es más pecador. A ti no se te ocurra abrir la boca , llegas luego con una panzota que para qué te cuento. Te puedes desgraciar para toda tu vida, ni quien te quiera sin tu valor. ¿Pusiste cuidado a lo que dije?”

Por eso no entendí cuando me empezó a crecer la panza. Nadie me hablaba. Yo no pequé. Me acuerdo que cerré la boca con todas mis fuerzas y no dejé que Toño me agarrara cosas, ni nada. No abrí la boca. Nada más abrí las piernas para que él se entretuviera y no le pasara por la cabeza la idea de meterme su cochina lengua pecadora a la boca. Toño me dijo: “Deja meter mi olotito para que parezcas flor”.

Ahora no entiendo a mi abuelita. Ni ella me entiende a mí; tampoco entiendo a Toño, se me ha retirado y yo con tantas ganas de ser una flor.

Gloria Velázquez
No. 125, Enero-Marzo 1993
Tomo XXII – Año XXVIII
Pág. 27

Nicasio Urbina

Nicasio Urbina

Nicasio Urbina

Escritor, catedrático y diplomático nicaragüense (Buenos Aires, 1958). Cursó estudios en la Universidad Católica de Lovaina y en la Universidad Central de Barcelona. Obtuvo su licenciatura en español en la Universidad Internacional de la Florida, donde hizo su maestría en Enseñanza de Lenguas Modernas. Doctor en Literatura y Lingüística Hispánica en la Universidad de Georgetown, Washington, DC. Ha publicado el libro de cuentos El libro de las palabras enajenadas (1991), el libro de crítica literaria La significación del género: estudio semiótico de las novelas y ensayos de Ernesto Sábato (1992) y el poemario Sintaxis de un signo (1995). Ganó el Premio Internacional Rubén Darío 1995 con La estructura de la novela nicaragüense: análisis narratológico (1996). Fue embajador de Nicaragua ante las Naciones Unidas. Actualmente dirige los estudios de posgrado de la Universidad de Tulane, Nueva Orleans[1].

La prisión

Acusado de homicidio y abigeato Asunción Vega fue finalmente detenido una noche de lluvia torrencial, cuando se disponía a ultimar a un cobarde que se atrevió a desoír su historia. El juez que entretuvo el caso lo condenó a sesenta años inconmutables, y desde entonces. Asunción Vega no hizo más que pensar en fugarse de la prisión. Una mañana de febrero logró evadirse dejando a un centinela muerto. Por años vivió escondido, pasando con nombres falsos, moviéndose de noche para evitar ser visto, sin poder hacer alarde de sus fechorías ni de dar muestras de valor en las cantinas. Cansado del presidio de la fuga de un día decidió entregarse. Habiendo recobrado su nombre y su identidad, otra vez se sintió libre.

Nicasio Urbina
No. 125, Enero-Marzo 1993
Tomo XXII – Año XXVIII
Pág. 26