Usted o yo

Perdone, es usted sordo o pendejo. Las dos cosas, para servir a usted. Entonces hágame el favor de no leer mi periódico porque le está robando sentido a las palabras. Si no le parece cámbiese de lugar. Si me quito de aquí, no llego nunca. Yo también voy para allá, no se preocupe. Entonces, vuélvase, me incomoda platicar con desconocidos. Yo no empecé la plática pero si quiere le cuento lo que voy a hacer esta noche. ¿Algo especial? Si no me da su cigarro no le digo nada. Ahora pretende beberse todo el humo que me queda ¿pues qué se cree? Se cree, figúrese nomás, que las jaulas de madera empobrecen a la gente, que los enanos hacen el amor parados, que las rubias se pintan el pelo para no dejar de serlo. Mi mujer es rubia. Lo noté desde que se subió al camión esas cosas no se pueden disimular. ¿Sabe una cosa? Bastantes, con decirle que soy catedrático en la universidad de los sueños. Me refiero a que si sabe que su plática es totalmente insulsa; es más, voy a callarme para no dar pie a su conversación. Estupendo, a mí me fascina la gente que no habla. ¿Por? Bueno porque seguramente se la pasa escribiendo, o ¿ha conocido personas que guarden sus ideas bajo el colchón? ¡Qué estupidez! Si acaso se las comen. He ahí lo interesante del asunto. Bueno, en cierta forma, tiene usted razón. No se luzca con las formas mi estimado, le puedo citar por lo menos siete casos en los que se demuestra cómo y por qué las formas desbaratan los espíritus. ¡Ah vamos! de modo que el señor es espiritista, por ahí hubiéramos empezado. Le repito, apiadándome de su memoria, que yo no empecé, y por otro lado me parece absurdo que no traiga agujetas en los tenis. Es que fue un regalo ¿sabe? Y ahí sí ni modo. ¿Le gustan los regalos? Por supuesto, dígame ¿a quién no le gustan? Para saberlo tendría que hacer una encuesta y ya le he dicho que no soy sociólogo. ¿A qué horas me lo dijo? No uso reloj, así que le ruego me permita continuar con mi lectura. Pero oiga. Oigo. Este es mi periódico. Entonces, ¿por qué viaja en camión? Porque no traigo agujetas. ¿Pues no que fue un regalo? cómo inventa la gente. Afortunadamente en la esquina me bajo, es usted insoportable. Nos bajamos dirá usted, ¿o acaso se ha visto que alguien se vaya y deje su cara reflejada en la ventana?

Silvia Castillejos
No. 125, Enero-Marzo 1993
Tomo XXII – Año XXVIII
Pág. 103

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