Edad media

Milena despertó sobresaltada; con desmesura pretendía definir, sin conseguirlo, las sombras de la noche.

Otra vez la misma pesadilla del vivir extemporáneo, aquel sueño que la perseguía desde su niñez. Se vistió entre tumbos y atropellos para salir de su habitación. La antorcha que sostenía en alto iluminaba levemente el corredor: comenzó a caminar, a hurgar en todos los rincones del castillo; del torreón a las mazmorras, de la capilla a la atalaya. Bajó hasta la explanada y desde el cerco amurallado miró el foso, resguardo ideal de su integridad.

Todo estaba intacto, igual que los días, que los meses, que los años anteriores. Poco a poco se tranquilizó; volvió a sentirse dueña absoluta de su tiempo, de su feudo. Desanduvo la ruta recorrida con el silencio nocturno tras de sí, quebrantando únicamente por el roce de la saya al caminar. Se recostó y se quedó dormida.
Afuera, sólo el siglo XX…

Rocío Santamaría Ambriz
No. 131, Octubre-Diciembre 1995
Tomo XXVI – Año XXXI
Pág. 65

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