Salvador Herrera García

 

 

 

????????

 Salvador Herrera García

( Catemaco, Ver. 27 de enero. 1959)

Estudió comunicación, letras y artes plásticas. Se ha desempeñado como creativo en agencias de publicidad, redactor de prensa, docente de enseñanza media y promotor cultural.

Fundador y primer director de la Casa de Cultura de Catemaco, Ver.

Coordina talleres de lectura y redacción. Es activista en la defensa ecológica de su entorno.  Realiza obra gráfica (pintura, grabado en madera y en linóleo)

Becario en dos, ocasiones del Programa de Estímulos a la Creación Artística de Veracruz, en el área Letras (cuento), del Instituto Veracruzano de Cultura, IVEC-CONACULTA.

Publicó La última Aventura, colección de relatos, en la Colección Cuadernos de estraza, l977.

Sonetos de su autoría se incluyen en el libro Antología poética de los Tuxtlas, IVEC, 1993.

Su texto Entre la magia y la bruma…estampas catemaqueñas, fue ganador en el Concurso Sergio Galindo para la publicación de obra, convocado por el Instituto Veracruzano de Cultura IVEC,  y publicado en 2007.

Ha publicado textos en las revista Punto de partida de la UNAM; El Cuento; Comunidad Conacyt; Revistas de revistas; Revista Los Tuxtlas. En los suplementos  El Búho,de Excélsior; Palabra otra y La Valquiria, de Diario de Xalapa, El Dictamen de Veracruz. Colaborador habitual de Palestra, semanario regional de los Tuxtlas[1].


[1] Datos enviado por el propio Salvador vía e-mail

Anuncios

…de Salvador Herrera García

El Cuento, don Edmundo Valadés y este escribidor…

Fue una gris y húmeda tarde  citadina,   allá por  los 70.  Solo —sin qué hacer, sin rumbo y sin novia— caminaba por San Juan de Letrán, cuando la pertinaz lluvia me obligó a entra a la Librería Zaplana…

De pronto, entre un altero de libros, una  revista  acaparó mi atención… Era El Cuento… Y ¡Oh sorpresa…¡ la publicación ofrecía una selección de cuentos de famosos autores,   ilustrados con finas viñetas…   Además,  repartidos en sus páginas había pequeños recuadros con mini ficciones enviadas por los lectores… Su director era el escritor  Edmundo Valadés. El Consejo de editorial lo integraban Juan Rulfo, Gastón García Cantú, Héctor González Casanova y don Andrés Zaplana…

Por entonces, yo,  lector asiduo y aspirante a cuentista, conocía la obra literaria de don Edmundo. Grata  emoción me habían  provocado su cuento La muerte tiene permiso, Las dualidades funestas y el tierno texto Adriana. Sabía de su brillante trayectoria periodística en Novedades y en Excélsior…

Desde ese encuentro con la revista, su lectura se volvió imprescindible…  Fue la chispa que, a muchos, nos hizo buscar antiguos borradores, reescribirlos, corregirlos, pulirlos y enviarlos con el deseo de verlos publicados en El Cuento. Nuestros envíos de mini textos eran frecuentes.  Y cada número nos traía la magia de la narrativa, pero, además, algo  insólito: las secciones “Correo del Concursos”  y “Cartas y envíos”, que cumplían  la función de un taller literario a distancia…

Los textos recibidos pasaban por el exigente tamiz de don Edmundo, quien personalmente los leía y valoraba, los aprobaba para su publicación o  rechazaba…Pero siempre el director, amablemente,  aclaraba, explicaba   por qué el texto no era publicado… Sugería y alentaba a los noveles escritores… Y  Qué grata sorpresa cuando veíamos un texto de nuestra autoría, impreso en las páginas de la fantástica revista…Este escribidor tuvo muchas de esas gratas sorpresas…

Durante mi larga estancia estudiantil y laboral en la ciudad de México, en varias  ocasiones busqué al maestro Valadés en la oficina de División del Norte, sin encontrarlo…Pero una tarde luminosa  —ya  con quehacer, con rumbo y con novia—  me encontré con  el escritor  en la redacción del diario Excélsior.  Fue la primera de dos enriquecedores charlas con uno de los narradores más importantes de la literatura mexicana contemporánea.

Entre el rítmico ruido de los teletipos,  la cálida y suave voz de escritor, reflejo de su personalidad amable y generosa, de amigo y maestro, me habló de libros, autores, cuentos…de su quehacer periodístico,  su pasión por el relato breve y de su interés  por difundir, sobre todo entre  los jóvenes,  la literatura de ficción…

Cuando me alejé del Distrito Federal, llevé conmigo la colección de El cuento,   que personalmente encuaderné y conservo en 13 tomos,  más varios  números sueltos. También poseo un ejemplar de La muerte tiene permiso, dedicado por su autor y una carpeta con recortes referentes a la revista y a su fundador….

Cuando don Edmundo falleció, pensamos que “… Colorín colorado…El Cuento había acabado…” Pero, afortunadamente,  no ha sido así… El espíritu de El Cuento, la obra de   difusión  iniciada por su ilustre fundador está vivo…  Ha cobrado nuevo impulso, ahora a través de internet y de otros proyectos, gracias a Alfonso Pedraza Pérez, cuentista, apasionado,  estudioso y promotor  de la mini ficción, quien  alienta la obra iniciada por el maestro Valadés

 Para que la imaginación continúe volando…y así, autores y lectores  continuemos, disfrutando de la magia prodigiosa del cuento y del relato breve.

Salvador Herrera  García,  Catemaco, Ver. 2013.

Salvador Herrera García

Salvador Herrera García

Alejandro Aguilar Sierra

Alejandro Aguilar Sierra

Alejandro Aguilar Sierra 

(México D.F. el 30 de Noviembre de 1964)

 Me obsesiona la simplicidad y la brevedad, por eso el cuento es mi tipo de literatura favorito y el reto de escribir minificciones me atrae mucho. De niño dibujaba cuadernos de historietas con argumentos originales, tenía ideas para cine y escribí algunas obras cortas para teatro y para títeres. Fue en la adolescencia cuando, acompañando a mi hermana a un taller literario en el CCH Sur, se despertó en mí una furiosa creatividad que me llevo a escribir más de 100 cuentos antes de cumplir 19 años. No tengo premios pero sí el orgullo de haber creado una revista literaria estudiantil llamada Aquelarre y haber visto publicados algunos de mis cuentos en suplementos culturales, revistas de divulgación científica y finalmente la mismísima, legendaria revista El Cuento, que conocía y admiraba desde niño, pues mis padres la compraban y de hecho casi tengo la misma edad que la revista. Tuve el honor de conocer a Don Edmundo en su taller sobre la estación del metro Juárez a finales de los 80.  Recuerdo que el primer día que asistí al taller, se canceló la sesión debido a que el maestro Valadés asistió al funeral de Juan Rulfo, era enero de 1986. Por alguna razón confiero a ese hecho una importancia que seguramente no tiene.  De adulto he escrito muy poco, pero cuando lo hago, aún lo disfruto mucho[1].


[1] Datos biográficos enviados por Alejandro, vía e-mail.

Graham Greene

Graham Greene

Graham Greene

(Berkhamsted, 2 de octubre de 1904. Vevey, 3 de abril de 1991)

Escritor, crítico y dramaturgo inglés, Graham Greene fue uno de los más conocidos escritores anglosajones del siglo XX, recibiendo tanto alabanzas por parte de la crítica como del público en general.

Comenzó a escribir todavía en la universidad -poesía, sin demasiado éxito- y pasó a trabajar para The Times. Su primera novela, Historia de una cobardía, salió a la luz en 1929 y su éxito le permitió dedicarse a la literatura a tiempo completo.

Varias de sus obras han sido adaptadas al cine, como El tercer hombre, Nuestro hombre en la Habana o El americano impasible. Greene siempre diferenció sus novelas dedicadas al entretenimiento puro de las más narrativas y llenas de filosofía, como El poder y la gloria.

De hecho, su trabajo para el Ministerio de Asuntos Exteriores Británico le llevó a viajar por casi todo el mundo tras la II Guerra Mundial, proporcionándole un punto de vista único para ambientar sus novelas llenas de intriga, suspense y espionaje.

Dentro de la obra de Greene se aprecia su catolicismo militante, que impregna el tono de la mayoría de sus libros. Esta querencia religiosa es el único punto por el cual sus obras recibieron, en ocasiones, malas críticas o rechazo.

Además de sus 25 novelas, Greene escribió varios libros sobre su propia vida, desde 1971 con Una especie de vida a 1984 con Historia de un enredo[1].

Balbuceos

135 top

Dos seres se aman, pero no hablan el mismo idioma. Uno de ellos habla los dos, pero el segundo idioma muy imperfectamente. Eso basta para que se amen recíprocamente. Pero el que conoce los dos idiomas muere, y dice sus últimas palabras en su lengua nativa, que el otro es incapaz de comprender: Y éste busca, busca…

Albert Camus
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 111

Los conquistadores

El padre Hortelano y el adelantado Francisco Fuscano se encontraron frente a una escultura azteca. El padre comenzó a reír descaradamente ante semejante monstruo profano. Dijo: —Mira qué ídolo más ridículo adoran estos salvajes.

—Padre… ¡es de oro! —dijo el adelantado.

El padre Hortelano se arrodilló y comenzó a besar los pies de la esfinge dorada.

Rudy Gerdanc
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 17

Herman Hesse

Hermann Hesse

Hermann Hesse

(Calw, 1877 – Montagnola, 1962)

Novelista alemán que en ocasiones utilizó el seudónimo de Emil Sinclair; obtuvo el premio Nobel en 1946. Vástago de una familia de misioneros pietistas, fue destinado al estudio de la teología y enviado en 1891 al seminario de Maulbronn.

De allí se fugó en 1894 e hizo el aprendizaje de relojero en Calw. En 1895 fue aprendiz de librero en Tubinga y trabajó como tal en Basilea a partir de 1899. Después del éxito de Peter Camenzind (1904) se instaló a orillas del lago de Constanza dedicado a la literatura. En 1911 viajó a la India, más tarde se fue a vivir a Berna y finalmente a Montagnola, cerca de Lugano.

Peter Camenzind (1904) puede ser considerada un arquetipo del género conocido como “novela de formación”, de escritura reflexiva y melancólica, sobre un joven que llega del campo a la ciudad para acabar huyendo de la cultura urbana y regresar a la naturaleza y la vida sencilla. En esa misma línea, Bajo la rueda (1906) expresa la rebelión contra la autoridad.

Pero el título que marca el paso del ecuador dentro de la obra de Hesse es sin duda Demian (1919), cuyas primeras ediciones se publicaron bajo el seudónimo Emil Sinclair y con el significativo subtítulo “Una historia de juventud”: escrita en medio de una profunda depresión, la novela es sin embargo un canto a la amistad, al arte y a la vida. Siddharta (1922), diametralmente distinta, recoge la experiencia del autor en la India y se convertiría, una generación más tarde, en el libro de cabecera de los primeros “hippies”, difusores en Occidente de la cultura budista.

El lobo estepario (1927) es acaso el más célebre de los títulos de Hesse e inicia sin duda la etapa de madurez de su obra: está construido a partir de las notas póstumas del artista Harry Haller, introducidas por los comentarios de un editor, y es un lúcido análisis sobre la locura de una época en la que muere lo viejo sin que haya nacido algo nuevo. Narciso y Goldmundo (1930), situada en una imprecisa alba del Renacimiento, presenta la contraposición de Narciso, el monje ascético, y Goldmundo, el artista, en una escuela monástica, donde traban amistad. Es la confrontación entre el mundo paterno, encarnado en el logos y la ciencia, y el arte maternal, que no representa una certeza sino una búsqueda de por vida.

El juego de los abalorios (1943), cierra lo que puede entenderse como una trilogía de culminación de la obra de Hesse, a través de un nuevo intento de reunión (los abalorios) del mundo de las artes y de las ciencias: un auténtico resumen de los esfuerzos anteriores del autor por reflejar la inquietante dualidad entre el pensamiento y el espíritu. Siguieron luego colecciones de cuentos, relatos y meditaciones, y en 1951 la antología literaria de este educador humano, que une la interioridad de la lucha sostenida para la existencia del espíritu, consciente de su propia responsabilidad, con la advertencia dirigida a su misma época en peligro y al pueblo alemán. La edición completa de las obras de Hermann Hesse, en seis tomos, apareció en 1952[1].

… de José Luis López Goytia

Edmundo Valadés no preguntaba el historial de la persona que asistía a su taller, bajo la apreciación de que cada cuento debía defenderse por sí mismo; nunca pedía ninguna recomendación ni cuestionaba el lugar de procedencia o la presencia física. Tampoco cobraba: la literatura era su vida, no su modus vivendi. ¡Cuánto hace falta su presencia hoy que el nepotismo es insensatez cotidiana! ¡Cuán bello sería volverlo a ver repartiendo una discreta e inmensa esperanza!

José Luis López Goytia

José Luis López Goytia

José Luis López Goytia

José Luis López Goytia

 

José Luis López Goytia

 México, D.F., 23 de abril de 1967

 Lic. en Informática de profesión. Aficionado a la ciencia, al arte y a las ideas de igualdad social. Como encargado de los servicios educativos de la UPIICSA del IPN me he permitido crear —en una escuela técnica— una sala de lectura literaria y una incipiente videoteca para fomentar el amor a la cinematografía. Mi principal proyecto actualmente es la creación de bibliotecas digitales con base en la inteligencia colectiva de la comunidad. Finalmente, estoy intentando publicar una novela de ciencia ficción ya terminada llamada “Fabricante de Lunas”; de hecho, busco una editorial que la respalde en formato digital y permita la distribución gratuita[1].


[1] Datos biográficos enviados por el propio José Luis vía e-mail

Lector

135 top

Leía sin propósito, con la actitud humana normal para los conceptos y las imágenes, sin comprender completamente los primeros ni dejar de comprender enteramente las segundas. Entendía mal. Entendía a veces. Desentendía casi siempre. Era un lector común.

Carlos Díaz Dufoo (hijo)
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 103

Revelación

135 top

Juan Rulfo charla en la Universidad de Stanford, california, con estudiantes que, como lo indica la moda académica, aprenden a leer los texos con un enfoque estructuralista.

Un estudiante, con la esperanza de iluminar una oscuridad, o de identificar un nuevo actante, un antisímbolo. Un nexo oculto en el nivel discursivo, una tríada o, con buena suerte, un núcleo de significación, a propósito del cuento “¿No oyes ladrar los perros?” preguntó:

—¿Qué significa, señor Rulfo, la imagen del perro en este cuento?
Rulfo respondió: Un perro.

La redacción
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 101

Arturo Pérez-Reverté

Arturo Pérez-Reverté

Arturo Pérez-Reverte

(Cartagena, España, noviembre de 1951)

Se dedica en exclusiva a la literatura, tras vivir 21 años (1973-1994) como reportero de prensa, radio y televisión, cubriendo informativamente los conflictos internacionales en ese periodo. Trabajó doce años como reportero en el diario Pueblo, y nueve en los servicios informativos de Televisión Española (TVE), como especialista en conflictos armados.

Como reportero, Arturo Pérez-Reverte ha cubierto, entre otros conflictos, la guerra de Chipre, diversas fases de la guerra del Líbano, la guerra de Eritrea, la campaña de 1975 en el Sahara, la guerra del Sahara, la guerra de las Malvinas, la guerra de El Salvador, la guerra de Nicaragua, la guerra del Chad, la crisis de Libia, las guerrillas del Sudán, la guerra de Mozambique, la guerra de Angola, el golpe de estado de Túnez, etc. Los últimos conflictos que ha vivido son: la revolución de Rumania (1989-90), la guerra de Mozambique (1990), la crisis y guerra del Golfo (1990-91), la guerra de Croacia (1991) y la guerra de Bosnia (1992-93-94).

Desde 1991 y, de forma continua, escribe una página de opinión en XLSemanal, suplemento del grupo Vocento que se distribuye simultáneamente en 25 diarios españoles, y que se ha convertido en una de las secciones más leídas de la prensa española, superando los 4.500.000 de lectores.

El húsar (1986), El maestro de esgrima (1988), La tabla de Flandes (1990), El club Dumas(1993), La sombra del águila (1993), Territorio comanche (1994), Un asunto de honor (Cachito) (1995), Obra Breve (1995), La piel del tambor (1995), Patente de corso (1998), La carta esférica (2000), Con ánimo de ofender (2001), La Reina del Sur (2002), Cabo Trafalgar (2004), No me cogeréis vivo (2005), El pintor de batallas (2006), Un día de cólera (2007), Ojos azules (2009), Cuando éramos honrados mercenarios (2009), El Asedio (2010) y El tango de la Guardia Vieja (2012) son títulos que siguen presentes en los estantes de éxitos de las librerías, y consolidan una espectacular carrera literaria más allá de nuestras fronteras, donde ha recibido importantes galardones literarios y se ha traducido a 40 idiomas. Arturo Pérez-Reverte tiene uno de los catálogos vivos más destacados de la literatura actual.

A finales de 1996 aparece la colección Las aventuras del capitán Alatriste, que desde su lanzamiento se convierte en una de las series literarias de mayor éxito. Por ahora consta de los siguientes títulos, que han alcanzado cifras de ventas sin parangón en la edición española: El capitán Alatriste (1996), Limpieza de sangre (1997), El sol de Breda (1998), El oro del rey (2000), El caballero del jubón amarillo (2003), Corsarios de Levante (2006) y El puente de los Asesinos (2011). Hacía mucho tiempo que en el panorama novelístico no aparecía un personaje, como Diego Alatriste, que los lectores hicieran suyo y cuya continuidad reclaman. Un personaje como Sherlock Holmes, Marlowe, o como Hércules Poirot.

Arturo Pérez-Reverte ingresó en la Real Academia Española el 12 de junio de 2003, leyendo un discurso titulado El habla de un bravo del siglo XVII[1].

 

Observador

135 top

Llegó Conan Doyle —el famoso novelista inglés creador de Sherlock Holmes— a una población, y al apearse del coche que lo había conducido al hotel e ir a pagar al cochero, éste rechazó el dinero.

—Preferiría que me regalara una localidad para su conferencia.

—¿Pero, cómo sabe usted quién soy yo?

—Es muy sencillo. Las solapas de su abrigo tienen corte de Nueva York; su pelo está cortado al estilo de Filadelfia, sus zapatos muestran huellas de baro de Búfalo; sabíamos que llegaría hoy y en su baúl hay un letrero que dice: “Conan Doyle”.

V. Galiano
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 99

Suicidas

135 top

Alejandro Cohen relata maravillosamente en El Europeo la carrera deportiva del lamentado James Barry, verdugo, o más exactamente colgador. Desgraciadamente el deporte de la horca no ha sido adoptado oficialmente en Francia. Sus aficionados se ven en la obligación de ser a la vez ejecutores y objetos del mismo, y nos atrevemos a decir que sus performances tienen apenas el alcance de un vicio solitario

Alfred Jarry
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 96

Todo pasa

135 top

En la cena, el mexicano cuenta anécdotas sobre el tránsito de aduana. Solamente una interesante: la del norteamericano en México quien, después de un accidente, quiso regresar llevando su pierna difunta en una caja de cristal. Tres días de discusiones para aclarar si la pierna estaba o no en la categoría de importación restringida como material que podría desatar una epidemia. Habiendo asegurado el norteamericano que permanecería en México antes que ser separado de su pierna, los estados Unidos determinaron no perder a un ciudadano honorable.

Albert Camus
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 93

Sebastián de Covarrubias

Sebastián de Covarrubias

Sebastián de Covarrubias y Orozco

(Toledo, 1539 – 1613)

Lexicógrafo, criptógrafo, capellán del rey Felipe II, canónigo de la catedral de Cuenca y escritor español.

El padre de Sebastián y de su hermano Juan de Horozco, Sebastián de Horozco (1510-1579), era cristiano nuevo e hijo de la judeoconversa María de Soto. La madre, María Valero de Covarrubias Leyva, por el contrario, era de mejor linaje, según los criterios de la época, y nació en el seno de una familia cristiana vieja de gran prestigio de teólogos, arquitectos y artesanos. Su abuelo por parte de madre fue el bordador Marcos de Covarrubias, hermano del gran arquitecto Alonso de Covarrubias. Otro hermano era Juan de Covarrubias, canónigo en la Catedral de Salamanca, quien ayudó a Sebastián en sus estudios y para ser canónigo racionero (con derecho a renta) en la misma catedral. Dos hijos de don Alonso fueron Diego (1512-1577) y Antonio (1524-1602), grandes teólogos, juristas y hombres de mucho peso e importancia política que asistieron al Concilio de Trento como representantes de España.

El que sería famoso lexicógrafo, estudió en Salamanca (1565-1573), donde vivió con el susodicho tío abuelo suyo el canónigo Juan de Covarrubias en la Iglesia de Salamanca. En el momento apropiado don Juan renunció a este puesto “a favor de su sobrino”, pues se había hecho sacerdote. Fue después capellán de Felipe II, consultor del Santo Oficio y canónigo de la Catedral de Cuenca, cargo este último que desempeñó más de treinta años. En 1595 fue nombrado Comisario Apostólico encargado de la dotación de rectorías para moriscos.

En 1610 Sebastián enfermó gravemente, pero se recuperó e imprimió una obra clásica de la literatura emblemática, los Emblemas morales (1610). Escribió, por otra parte, un Tratado de cifras y una traducción de las Sátiras y epístolas de Horacio que no se han conservado; sin embargo, es conocido sobre todo por un monumental diccionario, el Tesoro de la lengua castellana o española (1611), la mejor obra lexicográfica publicada entre el diccionario de Antonio de Nebrija y el Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española. Su consulta sigue siendo útil para establecer el sentido de la literatura clásica del Siglo de Oro español.

Aunque la parte etimológica de este diccionario ha sido ampliamente superada, el Tesoro de Covarrubias es obra de un humanista y no se contenta con dar escueta y seca mención de las acepciones de una palabra, sino que diserta con gracia y erudición sobre ellas y aporta refranes, modismos, anécdotas y citas literarias que contienen el término. El mismo autor compuso un Suplemento al Tesoro que no llegó a imprimir pero que ha sido editado modernamente. En 1673 el padre Benito Remigio Noydens reimprimió el Tesoro con adiciones de su propia cosecha[1].

Cortesía

135 top

El cuervo es el ave que imita la voz humana y desto tenemos exemplos. En tiempo de Tiberio César hubo en Roma un cuervo, que a él y a druso y a Germánico y a muchos principales romanos quando passavan por do le tenían, los saludava por sus nombres…

Sebastián de Covarrubias (1,611)
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 90

Jordi Soler

Jordi Soler

Jordi Soler

Nació en 1963 en La Portuguesa, una comunidad de republicanos catalanes situada en la selva de Veracruz, en México. Desde Bocafloja, su primera novela, Jordi Soler se convirtió en una de las voces literarias más importantes de su generación. La Casa de las Culturas del Mundo (Haus der Kulturen der Welt) en Berlín, elaboró un perfil sobre su obra donde dice: “Más que cualquier otro de los escritores de su generación, Soler ha conseguido un estilo propio, altamente visual, en su prosa y su poesía”.

Durante diez años, de manera paralela a su trabajo de escritor, hizo programas de música y literatura en dos de las estaciones de radio más influyentes de México; luego fue diplomático en Irlanda y ahora vive en Barcelona, la ciudad que abandonó su familia después de la Guerra Civil, donde trabaja en su siguiente novela y en artículos que publica en diarios y revistas.

Es caballero de la irlandesa Orden del Finnegans[1].

Inversión

135 top

Igual que aquellos músicos que pertenecían a la corte y que tocaban a sus horas y también a las horas de antojo del rey, iban los músicos de aquella corte sobre el agua, que bien pudo ser todo el reino, que fue bautizada como el Titanic.

John Law Hume, violinista, niño y trágico, se hundió junto con su banda. Sus padres, desairados por la desaparición de su hijo, pero a la vez conscientes de que algunos ahogados traen dinero, reclamaron una indemnización a la compañía naviera. La compañía reviró la petición y dejó que a los padres del niño violinista les saliera, para utilizar términos marinos, el tiro por la popa: no les dieron ni un centavo, al contrario, les cobraron cinco chelines y cuatro peniques por el uniforme que su hijo había perdido.

Jordi Soler
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 87