Aguijón

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Dos peligros del poema en prosa: ser una simpleza o un chascarrillo de almanaque. Elabóralo pacientemente con un trabajo concienzudo y pónle un feliz remate, a modo de aguijón.

Julio Torri
No. 123-124, Julio-Diciembre 1992
Tomo XXI – Año XXIX
Pág. 195

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La imaginación mueve montañas

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Un poema hindú relata que el elefante es una montaña que cobró vida para salvarse de morir ahogada durante el diluvio universal.

Un poema zapoteco, contrariamente dice que las montañas son los gigantescos animales de sangre fría (dinosaurios), que el diluvio universal cubrió de lodo y que al bajar las aguas se petrificaron por la acción del sol.

Queda pues, la última palabra, al poeta que sobreviva al próximo diluvio universal.

Carlos Isla
No. 123-124, Julio-Diciembre 1992
Tomo XXI – Año XXIX
Pág. 193

El amado

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Alguien llegó hasta la puerta del amado y llamó.

Una vez preguntó: —¿Quién es?

Él contestó: —Yo soy.

La voz dijo: —No hay aquí lugar para los dos. Y la puerta continuó cerrada.

Después de un año de soledad y privaciones el mismo hombre llegó ante la puerta del Amado. Llamó.

Una voz adentro preguntó: —¿Quién es?

El hombre dijo: —Tú eres.

Y la puerta se abrió para él.

Narración Sufi
No. 123-124, Julio-Diciembre 1992
Tomo XXI – Año XXIX
Pág. 190

Jages del arpegio*

A todos los carteristas que “afanan”
en la estación del Metro Pino Suárez ¡Salud!

“Dedos de seda” irrumpió en el mísero cuartucho —del que debía más de tres meses de alquiler—donde vivía en compañía de una tiránica mujer.

—¡Por fin he dado un “buen golpe”, vieja, toma! —dijo entregándole una raída pero abultada billetera de la que, con manos temblorosas por la ansiedad, la mujer sacó un buen fajo de gastados billetes que empezó a contar uno a uno, metódicamente.

—“Avillaremos” la renta; “engordaremos” la cocina y “algodón”ha de quedar para que “nostradamus” “pachangueemos” un “tirol” —agregó el carterista que, como todo jefe de familia que ha cumplido con sus obligaciones estaba muy satisfecho (hacía más de tres meses que no llevaba un centavo a la casa y la mujer amenazaba con abandonarlo).

—¿A quién le “pellizcaste” la “pelleja”, “Deditos”? —preguntó ella.

—¿Por qué la pregunta? —replica él con cierta arrogancia.

—¡Porque es dinero “balín”, imbécil! —repuso ella brutalmente arrojándole a la cara un pulado de aquellos billetes que eran de imitación—. ¡”Pírate” orita mismo a “camellar” como Dios manda y no regreses sin “marmaja valedora”, si no quieres dormir en la calle, animal!…

“Dedos de seda salió disparado del mísero cuartucho farfullando confusas palabras entre las que dijo algo así como no vuelvo a ‘clavarle el dos de bastos’ a un pinche mago callejero…”

*Gajes del oficio

Ricardo Fuentes Zapata
No. 123-124, Julio-Diciembre 1992
Tomo XXI – Año XXIX
Pág. 189