El pensador

Junto a las casas bien llenas de gente y de cosas, se alza la pequeña montaña de los niños. Durante la tarde se llena do colores, juegos y gritos; y algunos pleitos. Pero cuando cae la noche llega el pensador.

El pensador lleva melena negra, enredada, que en ocasiones tapa sus ojos. No se le ve al subir, sólo cuando ya se ha acomodado en la cima. Pasa horas enteras mirando fijamente hacia el cielo. Cuenta las estrellas, quizá. Debe saber de astrología. De pronto, algo lo distrae, y esta distracción se convierte en un nuevo objeto de reflexión.

El pensador amanece ahí, en lo más alto de la montaña de los niños. Como despertando de un gran sueño, se rasca la oreja y baja lentamente, meditando cada uno de sus pasos. Al llegar al pie de la montaña, resuelto al fin, el pensador sale corriendo en bulliciosos ladridos, tras la bicicleta del repartidor de periódicos.

Varinia Herrera
No. 123-124, Julio-Diciembre 1992
Tomo XXI – Año XXIX
Pág. 202

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