La caracola

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Al ponernos al oído aquella caracola escuchábamos ruido de mar y gritos de náufragos.

Ramón Gómez de la Serna
No. 123-124, Julio-Diciembre 1992
Tomo XXI – Año XXIX
Pág. 257

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Recreación

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Después de todo, era su obra. Por eso, cuando vio desmoronarse en esquirlas de plata su mundo maravilloso, y miró que las esquirlas alcanzaban otros mundos y la cadena nuclear continuó destruyendo sistemas, estrellas y galaxias, suspiró y meditó tanto tiempo como puede durar su suspiro.

Con paciencia infinita, recomenzó su primigenia jornada de seis días y un séptimo para el descanso. Todo lo hizo igual que antes, porque aún confiaba.

Eduardo Osorio
No. 123-124, Julio-Diciembre 1992
Tomo XXI – Año XXIX
Pág. 255

La ventana de enfrente

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Es de noche y en el último piso de un hotel un hombre mira desde la ventana de su cuarto. De pronto advierte que en el edificio de enfrente otra habitación se encuentra iluminada y que alguien lo observa detenidamente. Va hacia la cómoda y extrae del cajón un revólver con el que regresa a la ventana, apunta y un disparo estremece la noche al tiempo que un cuerpo cae sobre el suelo, con una pistola sin disparar en la mano.

Fernando Ruiz Granados
No. 123-124, Julio-Diciembre 1992
Tomo XXI – Año XXIX
Pág. 251

Simbiosis

Una rata se apodera de mí, habita mi cerebro, mi vientre, mis manos, quiere asomarse por mis dedos, me sale por las uñas. Es una rata feroz, rabiosa, enemiga, y está adentro de mí; habré de vivir con ella, convivir.

Quisiera a veces matarla, no puedo. No, por el momento, sería un doble asesinato: la rata y yo. Pero la odio tanto que en ocasiones mejor preferiría acabar con todo, en especial cuando como hoy siento que cobra fuerza, puede más y perfila aquí en mis manos sus pezuñas.

Entonces soy la rata, y soy yo quien vive dentro de ella.

Judas María Velazco
No. 123-124, Julio-Diciembre 1992
Tomo XXI – Año XXIX
Pág. 245