El hombre fuerte

Obsedido por la publicidad y hostilizado por la exhibición de la fuerza bruta ostentada como humana virtud, ingresó en un gimnasio para convertirse en un atleta de campeonato. El tiempo libre que le dejaban sus negocios, estafas y contubernios, lo dedicaba a un apasionado entretenimiento que, gradualmente, fue aumentando su habilidad y potencia muscular.

La vanidad lo impulsó a querer levantar, antes de tiempo, el peso de la conciencia… Al día siguiente, los diarios daban la noticia de que el hombre de negocios había muerto, según el parte médico, herniado y víctima de una rara asfixia.

Roberto Bañuelas
No. 123-124, Julio-Diciembre 1992
Tomo XXI – Año XXIX
Pág. 283

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