Ebi

En aquella cantinucha de Tokio de los años cincuenta, me llamó la atención el hermoso langostino albino que nadaba solitario en la pecera.

Con mímica refinada pregunté al cantinero se esa rara especie de crustáceo era comestible; como respuesta sacó al langostino de la pecera, le cortó la cabeza y la puso frente a mí en un plato. Por cortesía lo comí.

Yo aseguro a mis amigos que los japoneses sirven de botana langostinos albinos crudos.

En Japón y parte de Corea se afirma que los turistas mexicanos comemos langostinos albinos crudos.

Los langostinos advierten a sus congéneres albinos que deben abstenerse de nadar en peceras japonesas a la vista de turistas mexicanos.

Efraín Boeta Saldierna
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 10

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La tendencia

Todo comenzó con el temor de los consumidores por engordar. De las grandes ventas de alimentos exentos en grasas y bebidas sin azúcar, las únicas industrias que lograron un repunte en el Siglo XXI fueron las fabricantes de envolturas sin chocolate.

Fernando de J. García de León
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 5

El principio

Estoy preparando la comida. Tomo a uno de los pichones que comeremos, aún vivo. Me mira con uno de sus ojos. Es café, pequeño, y de plumaje ni suave ni áspero, de un agradable punto medio. Me sigue mirando. Entonces, sin saber por qué, explico: “Necesitamos comer para vivir”. Él responde “No es tu culpa. Es curioso que la vida se base en la muerte”. No quiero oír más. Giro su cabecita, pequeña, ternísima, y él muere.

Esa noche lo cominos junto con otros pichones que no sabían hablar, pero sí mirar.

Mauricio Ramírez Ramírez
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 3