De cuento

Allá por el centro del país hay un pueblo cuyos moradores se dedican a deambular por las noches, buscando encontrarse con difuntos que les señalen sitios de tesoros enterrados. Son gente muy pobre, que ha logrado sobrevivir gracias a una precaria agricultura que ejercen ya entrada la tarde.

El gobierno, para incentivar el aprovechamiento de los recursos regionales, les ha enviado un tallerista del INBA, especialista en realismo mágico.

Fernando de J. García de León
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 49

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Variación II Bella durmiente

Aún después de haber dormido cien años, la princesa Aurora despertó cansada. Se frotó con fruición los ojos para asegurarse de estar despierta, luego caminó hasta el espejo: sólo un hilito de baba seca perturbaba su belleza. Le extrañó no ver al príncipe en la habitación. Recorrió todos los salones vacíos gritando —¡Felipe!— pero no había nadie que la escuchara. Por fin subió a una torre, y desde allí pudo ver a lo lejos el resplandor de una armadura, y en su interior un esqueleto, atravesado por las espinas de un infinito cerco de zarzas.

Arturo Castrejón
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 47

Noche de suerte

La cenicienta se dirigía a la fiesta de palacio. Estaba nerviosa. El carruaje era elegantísimo y los seis caballos no podían ser más finos. Su vestido de seda hacía juego con el collar de parlas y con el anillo de brillantes. Recordaba que a las doce de la noche volvería a su estado original: una simple calabaza, seis insignificantes ratones y un montón de harapos. Pensativa contempló su tesoro hasta que una sonrisa maliciosa surgió de sus labios: de prisa —ordenó al cochero— vamos al Monte de Piedad.

Jesús Galera Lamadrid
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 45

Veracidad garantizada

135 top

Un irlandés vagaba por las salas del Museo de Historia Natural. De pronto vio en la pared un magnífico ejemplar de pez vela, disecado y montado en un marco.

El irlandés observó aquella enormidad largo tiempo y finalmente exclamó: El tipo que lo pescó es un despreciable mentiroso.

Bruce Porter
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 43