Variación II Bella durmiente

Aún después de haber dormido cien años, la princesa Aurora despertó cansada. Se frotó con fruición los ojos para asegurarse de estar despierta, luego caminó hasta el espejo: sólo un hilito de baba seca perturbaba su belleza. Le extrañó no ver al príncipe en la habitación. Recorrió todos los salones vacíos gritando —¡Felipe!— pero no había nadie que la escuchara. Por fin subió a una torre, y desde allí pudo ver a lo lejos el resplandor de una armadura, y en su interior un esqueleto, atravesado por las espinas de un infinito cerco de zarzas.

Arturo Castrejón
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 47

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s