Normas de buen gusto

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En un suburbio de México, Ernesto Ormoy es aprehendido por denuncia telefónica. Una mujer lo acusa de que mira a su ventana cuando ella se quita la ropa sin haber bajado las cortinas de su habitación, que da a la calle.

—¡Esa vieja no sabe lo que dice! Lo único que espero cuando la espío, es que ella se meta en la cama para robarle unas horas su coche, sin que se entere. ¡Antes de acusar a un inocente, debería mirarse en un espejo!

La policía convoca a la demandante y, al verla, pone a Ernesto en libertad.

Pol Quentin
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 26

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