Colores

Rojo: El niño busca su pelota. No sabe si rodó debajo del auto rojo, si cayó por la coladera o si un peatón la levantó. Sólo sabe que debe encontrarla para seguir con su función… Quisiera no tener que buscarla, quisiera de algún modo escapar…

Se agacha enfrente del coche gris, ése que tiene un conductor somnoliento que aún no se acaba de convencer de ir a su trabajo para enfrentarse una vez más con los monstruos de papel, ese conductor que aún tiene sueño y aprovecha el alto para cerrar los ojos y soñar. Sueña unas vacaciones, alejarse de la ciudad, sueña que no se ha casado, que su mujer sigue siendo aquella joven que conoció en la Universidad… Sueña que es un niño que corre tras un balón… Cómo quisiera no tener que ir a trabajar…

Amarillo: Las luces siempre le han gustado, tal vez eso le hace más llevadero el estar hora tras hora, día tras día en ese crucero, viendo pasar infinidad de automóviles. Después de unas horas ahí, rodeado de ruido, de humo, la visión se le dificulta, siente su uniforme cada vez más pesado, está cansado de ver los autos como ráfagas que pasan, pasan, se detienen y vuelven a pasar… Sólo quisiera no tener que estar ahí, sólo quisiera que algo fuera distinto, que pasara algo que pudiera recordar…

Verde: La luz ha cambiado: Las bocinas lo devuelven a la realidad. Mueve la palanca, aprieta el acelerador…

La luz ha cambiado: no ha tenido tiempo de volverse a levantar… La pelota, ¿dónde está la pelota? Voltea, la mira, se estira para recogerla, no siente al coche avanzar…

La luz ha cambiado: Apresura al del auto gris para que circule…

Apenas se escucha un golpe, tal vez un grito apagado…

Después todo son colores; verdes, ojos, amarillos interminables. Rojos y amarillos, hay luces hasta de color azul… Sirenas, estridentes sirenas…

Esa mañana, si se mira del lado correcto, tal vez hubo un genio que concedía los deseos… Sólo que los cuentos de hadas no siempre son gratos al volverse realidad…

Oscar González Cruz M.
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 80

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Albert Camus

Albert Camus

Albert Camus

(Mondovi, Argelia, 1913-Villeblerin, Francia, 1960)

Novelista, dramaturgo y ensayista francés. Nacido en el seno de una modesta familia de emigrantes franceses, su infancia y gran parte de su juventud transcurrieron en Argelia. Inteligente y disciplinado, empezó estudios de filosofía en la Universidad de Argel, que no pudo concluir debido a que enfermó de tuberculosis.

Formó entonces una compañía de teatro de aficionados que representaba obras clásicas ante un auditorio integrado por trabajadores. Luego, ejerció como periodista durante un corto período de tiempo en un diario de la capital argelina, mientras viajaba intensamente por Europa. En 1939 publicó Bodas, conjunto de artículos que incluyen numerosas reflexiones inspiradas en sus lecturas y viajes. En 1940 marchó a París, donde pronto encontró trabajo como redactor en Paris-Soir.

Empezó a ser conocido en 1942, cuando se publicaron su novela corta El extranjero, ambientada en Argelia, y el ensayo El mito de Sísifo, obras que se complementan y que reflejan la influencia que sobre él tuvo el existencialismo. Tal influjo se materializa en una visión del destino humano como absurdo, y su mejor exponente quizá sea el «extranjero» de su novela, incapaz de participar en las pasiones de los hombres y que vive incluso su propia desgracia desde una indiferencia absoluta, la misma, según Camus, que marca la naturaleza y el mundo.

Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial se implicó en los acontecimientos del momento: militó en la Resistencia y fue uno de los fundadores del periódico clandestino Combat, y de 1945 a 1947, su director y editorialista. Sus primeras obras de teatro, El malentendido y Calígula, prolongan esta línea de pensamiento que tanto debe al existencialismo, mientras los problemas que había planteado la guerra le inspiraron Cartas a un amigo alemán.

Su novela La peste (1947) supone un cierto cambio en su pensamiento: la idea de la solidaridad y la capacidad de resistencia humana frente a la tragedia de vivir se impone a la noción del absurdo. La peste es a la vez una obra realista y alegórica, una reconstrucción mítica de los sentimientos del hombre europeo de la posguerra, de sus terrores más agobiantes. El autor precisó su nueva perspectiva en otros escritos, como el ensayo El hombre en rebeldía (1951) y en relatos breves como La caída y El exilio y el reino, obras en que orientó su moral de la rebeldía hacia un ideal que salvara los más altos valores morales y espirituales, cuya necesidad le parece tanto más evidente cuanto mayor es su convicción del absurdo del mundo.

Si la concepción del mundo lo emparenta con el existencialismo de Jean-Paul Sartre y su definición del hombre como «pasión inútil», las relaciones entre ambos estuvieron marcadas por una agria polémica. Mientras Sartre lo acusaba de independencia de criterio, de estirilidad y de ineficacia, Camus tachaba de inmoral la vinculación política de aquél con el comunismo.

De gran interés es también su serie de crónicas periodísticas Actuelles. Tradujo al francés La devoción de la cruz, de Calderón, y El caballero de Olmedo, de Lope de Vega. En 1963 se publicaron, con el título de Cuadernos, sus notas de diario escritas entre 1935 y 1942. Galardonado en 1957 con el Premio Nobel de Literatura, falleció en un accidente de automóvil[1].

Amor amor

135 top

Olvidé anotar algo que me emocionó profundamente: En la radio de sao Paulo hay un programa en el que la gente pobre habla de sus problemas y pide ayuda. Esta tarde un negro alto y andrajoso, con una niñita de cinco meses en brazos y la mamila de la niña en el bolsillo, explicó francamente que, por haberlo abandonado su esposa, buscaba a alguien que se encargara de la niña sin robársela. Un ex piloto de combate, desempleado, buscaba trabajo de mecánico, etc. En la oficina, esperábamos las llamadas telefónicas del auditorio. Cinco minutos después del programa el teléfono suena incesante. Todo mundo ofrece algo. Mientras el negro está en el teléfono, el ex piloto arrulla en sus brazos a la niña, y un negro más viejo y más alto, a medio vestir, entra en las oficinas. Él estaba durmiendo y su mujer, que escuchaba el programa, lo despertó y le dijo: Ve a traer esa niña.

Albert Camus
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 79