Por amor al arte

En su juventud, el distinguido cirujano plástico soñó con dedicarse a la pintura. Le encantaba visitar las galerías y los museos, y pasaba horas enteras embobado frente a reproducciones de cuadros famosos. Inclusive se atrevió a comprar telas y pinturas y tomó algunas lecciones. Sus padres, sin embargo, supieron desalentar a tiempo tal inclinación y lo convencieron de estudiar medicina. Cuando al fin se estableció, empezaron a llegar hasta su consultorio mujeres de todo el mundo interesadas en corregir algún yerro de la naturaleza o borrar las líneas que el tiempo había comenzado a gravar sobre sus rostros. El cirujano conservó siempre algo de su antigua pasión por el arte y, a la menor oportunidad, intentaba plasmarla en su trabajo. A aquella dama le puso la delicada nariz de la Venus de Boticcelli; a esa otra, el mentón suave de una madona de Rafael y a la de más allá, los pechos frutales de las odaliscas de Ingres. Su carrera terminó abruptamente cuando entusiasmado con las vanguardias, intentó reproducir sobre la cara de una paciente las facciones de las señoritas de Avignon de Picasso.

Luis Bernardo Pérez
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 84

Anuncios

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s