Sebastián de Covarrubias

Sebastián de Covarrubias

Sebastián de Covarrubias y Orozco

(Toledo, 1539 – 1613)

Lexicógrafo, criptógrafo, capellán del rey Felipe II, canónigo de la catedral de Cuenca y escritor español.

El padre de Sebastián y de su hermano Juan de Horozco, Sebastián de Horozco (1510-1579), era cristiano nuevo e hijo de la judeoconversa María de Soto. La madre, María Valero de Covarrubias Leyva, por el contrario, era de mejor linaje, según los criterios de la época, y nació en el seno de una familia cristiana vieja de gran prestigio de teólogos, arquitectos y artesanos. Su abuelo por parte de madre fue el bordador Marcos de Covarrubias, hermano del gran arquitecto Alonso de Covarrubias. Otro hermano era Juan de Covarrubias, canónigo en la Catedral de Salamanca, quien ayudó a Sebastián en sus estudios y para ser canónigo racionero (con derecho a renta) en la misma catedral. Dos hijos de don Alonso fueron Diego (1512-1577) y Antonio (1524-1602), grandes teólogos, juristas y hombres de mucho peso e importancia política que asistieron al Concilio de Trento como representantes de España.

El que sería famoso lexicógrafo, estudió en Salamanca (1565-1573), donde vivió con el susodicho tío abuelo suyo el canónigo Juan de Covarrubias en la Iglesia de Salamanca. En el momento apropiado don Juan renunció a este puesto “a favor de su sobrino”, pues se había hecho sacerdote. Fue después capellán de Felipe II, consultor del Santo Oficio y canónigo de la Catedral de Cuenca, cargo este último que desempeñó más de treinta años. En 1595 fue nombrado Comisario Apostólico encargado de la dotación de rectorías para moriscos.

En 1610 Sebastián enfermó gravemente, pero se recuperó e imprimió una obra clásica de la literatura emblemática, los Emblemas morales (1610). Escribió, por otra parte, un Tratado de cifras y una traducción de las Sátiras y epístolas de Horacio que no se han conservado; sin embargo, es conocido sobre todo por un monumental diccionario, el Tesoro de la lengua castellana o española (1611), la mejor obra lexicográfica publicada entre el diccionario de Antonio de Nebrija y el Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española. Su consulta sigue siendo útil para establecer el sentido de la literatura clásica del Siglo de Oro español.

Aunque la parte etimológica de este diccionario ha sido ampliamente superada, el Tesoro de Covarrubias es obra de un humanista y no se contenta con dar escueta y seca mención de las acepciones de una palabra, sino que diserta con gracia y erudición sobre ellas y aporta refranes, modismos, anécdotas y citas literarias que contienen el término. El mismo autor compuso un Suplemento al Tesoro que no llegó a imprimir pero que ha sido editado modernamente. En 1673 el padre Benito Remigio Noydens reimprimió el Tesoro con adiciones de su propia cosecha[1].

Anuncios

Cortesía

135 top

El cuervo es el ave que imita la voz humana y desto tenemos exemplos. En tiempo de Tiberio César hubo en Roma un cuervo, que a él y a druso y a Germánico y a muchos principales romanos quando passavan por do le tenían, los saludava por sus nombres…

Sebastián de Covarrubias (1,611)
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 90

Jordi Soler

Jordi Soler

Jordi Soler

Nació en 1963 en La Portuguesa, una comunidad de republicanos catalanes situada en la selva de Veracruz, en México. Desde Bocafloja, su primera novela, Jordi Soler se convirtió en una de las voces literarias más importantes de su generación. La Casa de las Culturas del Mundo (Haus der Kulturen der Welt) en Berlín, elaboró un perfil sobre su obra donde dice: “Más que cualquier otro de los escritores de su generación, Soler ha conseguido un estilo propio, altamente visual, en su prosa y su poesía”.

Durante diez años, de manera paralela a su trabajo de escritor, hizo programas de música y literatura en dos de las estaciones de radio más influyentes de México; luego fue diplomático en Irlanda y ahora vive en Barcelona, la ciudad que abandonó su familia después de la Guerra Civil, donde trabaja en su siguiente novela y en artículos que publica en diarios y revistas.

Es caballero de la irlandesa Orden del Finnegans[1].

Inversión

135 top

Igual que aquellos músicos que pertenecían a la corte y que tocaban a sus horas y también a las horas de antojo del rey, iban los músicos de aquella corte sobre el agua, que bien pudo ser todo el reino, que fue bautizada como el Titanic.

John Law Hume, violinista, niño y trágico, se hundió junto con su banda. Sus padres, desairados por la desaparición de su hijo, pero a la vez conscientes de que algunos ahogados traen dinero, reclamaron una indemnización a la compañía naviera. La compañía reviró la petición y dejó que a los padres del niño violinista les saliera, para utilizar términos marinos, el tiro por la popa: no les dieron ni un centavo, al contrario, les cobraron cinco chelines y cuatro peniques por el uniforme que su hijo había perdido.

Jordi Soler
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 87