Observador

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Llegó Conan Doyle —el famoso novelista inglés creador de Sherlock Holmes— a una población, y al apearse del coche que lo había conducido al hotel e ir a pagar al cochero, éste rechazó el dinero.

—Preferiría que me regalara una localidad para su conferencia.

—¿Pero, cómo sabe usted quién soy yo?

—Es muy sencillo. Las solapas de su abrigo tienen corte de Nueva York; su pelo está cortado al estilo de Filadelfia, sus zapatos muestran huellas de baro de Búfalo; sabíamos que llegaría hoy y en su baúl hay un letrero que dice: “Conan Doyle”.

V. Galiano
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 99

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Suicidas

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Alejandro Cohen relata maravillosamente en El Europeo la carrera deportiva del lamentado James Barry, verdugo, o más exactamente colgador. Desgraciadamente el deporte de la horca no ha sido adoptado oficialmente en Francia. Sus aficionados se ven en la obligación de ser a la vez ejecutores y objetos del mismo, y nos atrevemos a decir que sus performances tienen apenas el alcance de un vicio solitario

Alfred Jarry
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 96

Todo pasa

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En la cena, el mexicano cuenta anécdotas sobre el tránsito de aduana. Solamente una interesante: la del norteamericano en México quien, después de un accidente, quiso regresar llevando su pierna difunta en una caja de cristal. Tres días de discusiones para aclarar si la pierna estaba o no en la categoría de importación restringida como material que podría desatar una epidemia. Habiendo asegurado el norteamericano que permanecería en México antes que ser separado de su pierna, los estados Unidos determinaron no perder a un ciudadano honorable.

Albert Camus
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 93