Salvador Herrera García

 

 

 

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 Salvador Herrera García

( Catemaco, Ver. 27 de enero. 1959)

Estudió comunicación, letras y artes plásticas. Se ha desempeñado como creativo en agencias de publicidad, redactor de prensa, docente de enseñanza media y promotor cultural.

Fundador y primer director de la Casa de Cultura de Catemaco, Ver.

Coordina talleres de lectura y redacción. Es activista en la defensa ecológica de su entorno.  Realiza obra gráfica (pintura, grabado en madera y en linóleo)

Becario en dos, ocasiones del Programa de Estímulos a la Creación Artística de Veracruz, en el área Letras (cuento), del Instituto Veracruzano de Cultura, IVEC-CONACULTA.

Publicó La última Aventura, colección de relatos, en la Colección Cuadernos de estraza, l977.

Sonetos de su autoría se incluyen en el libro Antología poética de los Tuxtlas, IVEC, 1993.

Su texto Entre la magia y la bruma…estampas catemaqueñas, fue ganador en el Concurso Sergio Galindo para la publicación de obra, convocado por el Instituto Veracruzano de Cultura IVEC,  y publicado en 2007.

Ha publicado textos en las revista Punto de partida de la UNAM; El Cuento; Comunidad Conacyt; Revistas de revistas; Revista Los Tuxtlas. En los suplementos  El Búho,de Excélsior; Palabra otra y La Valquiria, de Diario de Xalapa, El Dictamen de Veracruz. Colaborador habitual de Palestra, semanario regional de los Tuxtlas[1].


[1] Datos enviado por el propio Salvador vía e-mail

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…de Salvador Herrera García

El Cuento, don Edmundo Valadés y este escribidor…

Fue una gris y húmeda tarde  citadina,   allá por  los 70.  Solo —sin qué hacer, sin rumbo y sin novia— caminaba por San Juan de Letrán, cuando la pertinaz lluvia me obligó a entra a la Librería Zaplana…

De pronto, entre un altero de libros, una  revista  acaparó mi atención… Era El Cuento… Y ¡Oh sorpresa…¡ la publicación ofrecía una selección de cuentos de famosos autores,   ilustrados con finas viñetas…   Además,  repartidos en sus páginas había pequeños recuadros con mini ficciones enviadas por los lectores… Su director era el escritor  Edmundo Valadés. El Consejo de editorial lo integraban Juan Rulfo, Gastón García Cantú, Héctor González Casanova y don Andrés Zaplana…

Por entonces, yo,  lector asiduo y aspirante a cuentista, conocía la obra literaria de don Edmundo. Grata  emoción me habían  provocado su cuento La muerte tiene permiso, Las dualidades funestas y el tierno texto Adriana. Sabía de su brillante trayectoria periodística en Novedades y en Excélsior…

Desde ese encuentro con la revista, su lectura se volvió imprescindible…  Fue la chispa que, a muchos, nos hizo buscar antiguos borradores, reescribirlos, corregirlos, pulirlos y enviarlos con el deseo de verlos publicados en El Cuento. Nuestros envíos de mini textos eran frecuentes.  Y cada número nos traía la magia de la narrativa, pero, además, algo  insólito: las secciones “Correo del Concursos”  y “Cartas y envíos”, que cumplían  la función de un taller literario a distancia…

Los textos recibidos pasaban por el exigente tamiz de don Edmundo, quien personalmente los leía y valoraba, los aprobaba para su publicación o  rechazaba…Pero siempre el director, amablemente,  aclaraba, explicaba   por qué el texto no era publicado… Sugería y alentaba a los noveles escritores… Y  Qué grata sorpresa cuando veíamos un texto de nuestra autoría, impreso en las páginas de la fantástica revista…Este escribidor tuvo muchas de esas gratas sorpresas…

Durante mi larga estancia estudiantil y laboral en la ciudad de México, en varias  ocasiones busqué al maestro Valadés en la oficina de División del Norte, sin encontrarlo…Pero una tarde luminosa  —ya  con quehacer, con rumbo y con novia—  me encontré con  el escritor  en la redacción del diario Excélsior.  Fue la primera de dos enriquecedores charlas con uno de los narradores más importantes de la literatura mexicana contemporánea.

Entre el rítmico ruido de los teletipos,  la cálida y suave voz de escritor, reflejo de su personalidad amable y generosa, de amigo y maestro, me habló de libros, autores, cuentos…de su quehacer periodístico,  su pasión por el relato breve y de su interés  por difundir, sobre todo entre  los jóvenes,  la literatura de ficción…

Cuando me alejé del Distrito Federal, llevé conmigo la colección de El cuento,   que personalmente encuaderné y conservo en 13 tomos,  más varios  números sueltos. También poseo un ejemplar de La muerte tiene permiso, dedicado por su autor y una carpeta con recortes referentes a la revista y a su fundador….

Cuando don Edmundo falleció, pensamos que “… Colorín colorado…El Cuento había acabado…” Pero, afortunadamente,  no ha sido así… El espíritu de El Cuento, la obra de   difusión  iniciada por su ilustre fundador está vivo…  Ha cobrado nuevo impulso, ahora a través de internet y de otros proyectos, gracias a Alfonso Pedraza Pérez, cuentista, apasionado,  estudioso y promotor  de la mini ficción, quien  alienta la obra iniciada por el maestro Valadés

 Para que la imaginación continúe volando…y así, autores y lectores  continuemos, disfrutando de la magia prodigiosa del cuento y del relato breve.

Salvador Herrera  García,  Catemaco, Ver. 2013.

Salvador Herrera García

Salvador Herrera García

Alejandro Aguilar Sierra

Alejandro Aguilar Sierra

Alejandro Aguilar Sierra 

(México D.F. el 30 de Noviembre de 1964)

 Me obsesiona la simplicidad y la brevedad, por eso el cuento es mi tipo de literatura favorito y el reto de escribir minificciones me atrae mucho. De niño dibujaba cuadernos de historietas con argumentos originales, tenía ideas para cine y escribí algunas obras cortas para teatro y para títeres. Fue en la adolescencia cuando, acompañando a mi hermana a un taller literario en el CCH Sur, se despertó en mí una furiosa creatividad que me llevo a escribir más de 100 cuentos antes de cumplir 19 años. No tengo premios pero sí el orgullo de haber creado una revista literaria estudiantil llamada Aquelarre y haber visto publicados algunos de mis cuentos en suplementos culturales, revistas de divulgación científica y finalmente la mismísima, legendaria revista El Cuento, que conocía y admiraba desde niño, pues mis padres la compraban y de hecho casi tengo la misma edad que la revista. Tuve el honor de conocer a Don Edmundo en su taller sobre la estación del metro Juárez a finales de los 80.  Recuerdo que el primer día que asistí al taller, se canceló la sesión debido a que el maestro Valadés asistió al funeral de Juan Rulfo, era enero de 1986. Por alguna razón confiero a ese hecho una importancia que seguramente no tiene.  De adulto he escrito muy poco, pero cuando lo hago, aún lo disfruto mucho[1].


[1] Datos biográficos enviados por Alejandro, vía e-mail.

Graham Greene

Graham Greene

Graham Greene

(Berkhamsted, 2 de octubre de 1904. Vevey, 3 de abril de 1991)

Escritor, crítico y dramaturgo inglés, Graham Greene fue uno de los más conocidos escritores anglosajones del siglo XX, recibiendo tanto alabanzas por parte de la crítica como del público en general.

Comenzó a escribir todavía en la universidad -poesía, sin demasiado éxito- y pasó a trabajar para The Times. Su primera novela, Historia de una cobardía, salió a la luz en 1929 y su éxito le permitió dedicarse a la literatura a tiempo completo.

Varias de sus obras han sido adaptadas al cine, como El tercer hombre, Nuestro hombre en la Habana o El americano impasible. Greene siempre diferenció sus novelas dedicadas al entretenimiento puro de las más narrativas y llenas de filosofía, como El poder y la gloria.

De hecho, su trabajo para el Ministerio de Asuntos Exteriores Británico le llevó a viajar por casi todo el mundo tras la II Guerra Mundial, proporcionándole un punto de vista único para ambientar sus novelas llenas de intriga, suspense y espionaje.

Dentro de la obra de Greene se aprecia su catolicismo militante, que impregna el tono de la mayoría de sus libros. Esta querencia religiosa es el único punto por el cual sus obras recibieron, en ocasiones, malas críticas o rechazo.

Además de sus 25 novelas, Greene escribió varios libros sobre su propia vida, desde 1971 con Una especie de vida a 1984 con Historia de un enredo[1].

Balbuceos

135 top

Dos seres se aman, pero no hablan el mismo idioma. Uno de ellos habla los dos, pero el segundo idioma muy imperfectamente. Eso basta para que se amen recíprocamente. Pero el que conoce los dos idiomas muere, y dice sus últimas palabras en su lengua nativa, que el otro es incapaz de comprender: Y éste busca, busca…

Albert Camus
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 111