La eternidad no pasa en balde

Cuando Dios Padre murió, todos en el cielo sabíamos que Dios Hijo le sucedería en el trono eterno.

Pero vino un dios griego, Zeus, que también decía ser hijo de Dios Padre. Dios Hijo, que no podía dudar de la castidad del padre, negó al griego; pero éste rompió los siete sellos y demostró ser hijo del Padre. Dios Hijo tuvo que reconocer el desliz del Padre.

Entonces de todas partes surgieron dioses que rompían los siete sellos: Brahma el hindú, Atón el egipcio, Huitzilopochtli el mexicano, Alá el árabe, Manitú el norteamericano, Niord el escandinavo,… una constelación infinita de dioses que venían primero de toda la Tierra y después de todos los rincones del universo.

Cuando me desterraron al Purgatorio por el exceso de población, el cielo ya era una democracia.

Germán Espino Sánchez
No. 107-108, Julio – Diciembre 1988
Tomo XVII – Año XXIV
Pág. 248

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