El retorno

A Homero Sánchez, veterano de Viet
Nam que, ahora ciego vende “Cocas”
a la puerta de un “bule” Neoyorkyno.

Y ella —tu mujer—, antes de que te sientes a la mesa te anticipaba que no habrá cena porque se acabó el gas y el pinche gasero no pasó en toda la mañana, así que tendrás que llevar a toda la familia a cenar a “El escondite de Ulises”, la mejor y más intelectual taquería del barrio para que los niños —y tú también, pues no es cosa de que luego de un día de super chinga te acuestes sin cenar— coman unos tacos de carnitas, acompañados de su respectivo y obligado refresco embotellado (agua fresca no, por aquello de la tifoidea)…

Y mientras la familia se prepara para salir, tú piensas: “Carajo: esta Penélope de seguro estuvo tejiendo toda la mañana su pinche tapetito ese y no se dio cuenta cuando pasó el mula gasero… Esto se lo voy a descontar del gasto…” Y después de hacer un cálculo más o menos que no afecte tu presupuesto, furiosamente le das una patada a Argos, tu pulguiento perro lanudo que, fiel a su espejo diario, chilla y mueve la cola, agradecido de tu vuelta al hogar…

Ricardo Fuentes Zapata
No. 107-108, Julio – Diciembre 1988
Tomo XVII – Año XXIV
Pág. 318

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