El engaño programado

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El sonido se prolongó por instantes y las cintas grabadoras frenaron su marcha.

Tomé de la computadora la tarjeta perforada y leí en aquellos redondos caracteres: —Usted morirá día 9 de este mes.

El impacto fue terrible. Estaba mi condena a muerte en aquél pedazo de cartón.

Traté de verificar los circuitos y la memoria del cerebro electrónico, pero éste seguía lanzando, una tras otras, tarjetas con la muerte impresa en ellas.

Me decidí entonces. El fallo de la máquina estaría equivocado al menos si yo me suicidaba ahora, tres días antes; así ella erraría y yo lograba dejarla en ridículo.

Cuando me pegué el tiro, el artefacto se estremeció levemente y excretó una nueva tarjeta…

—Corrección; el No. 9 se imprimió al revés. Usted muere día 6 no 9 de este mes.

Aterrado me di cuenta que había fracasado: moriría en la fecha computada.

Airosa, la máquina emitió un suave susurro que me pareció más bien una risita de satisfacción.

Carlos J. Zazueta
No. 55, Noviembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 280

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