Recipiente

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Siempre he tenido problemas con mi conciencia, pues en cuanto comienzo a actuar desviadamente, recrimina mi actitud.

He tratado inútilmente de acallarla, pero sigue con su parlante silencio, acusándome, buscando el menor detalle para señalarme.

Soy muy sentimental y como en mi negocio la conciencia es un lujo y un peligro, es por eso que cada vez que tengo que ir a la fábrica —los obreros, salarios bajos, explotarlos— corro el ziper que tengo en la cabeza, meto la mano en ella y saco —a regañadientes— mi conciencia. Entonces, sintiéndola aún fastidiada, la introduzco al frasco con formol.

Carlos J. Zazueta
No. 55, Noviembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 281

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