El concierto

Me removí inquieto en el asiento y miré en derredor los rostros extasiados y fijos en el escenario y me asaltó la idea de que estuviese sordo. Me sacó de la duda el shshshsh impaciente de mi vecino ante el intento de hablar y dirigí los ojos al banco del enorme piano de cola en el tablado, 20 metros delante de mí: estaba vacío, o al menos así lo observé yo. Y entonces resonó el aplauso estruendoso y la clamorosa petición de los asistentes: ¡otra! ¡otra!. Durante los tres minutos que duró aquello permanecí fijo en mi asiento y cuando el murmullo se fue apagando lentamente a la medida que la gente se sentaba de nuevo, mi vecino, rechoncho, blanco, canoso y de profundas entradas a los lados de la frente, me lanzó una mirada mezcla de curiosidad y desdén con sus ojillos extraños, oscuros y profundos bajo un marco sin cejas.

Otra vez el silencio reverente y diez minutos después, el aplauso ensordecedor y prolongado. Fui saliendo de la sala abriéndome paso por entre la gente mientras en mis oídos persistía el clamor de los aplausos mezclado con epítetos entusiastas y los comentarios admirativos. Ya en la calle saqué del bolsillo la parte del tiquete de entrada que me devolvió el portero y leí: Claus Von Wisherman Obras de Mozart – Bach – Wagner – Palco No. 3 asiento 35 Precio $200.00. Lo guardé nuevamente, tomé un taxi y me dirigí al Hotel. Llegué al dar las once y fui derecho al mostrador, “cuarto 520, la llave por favor”. La tomé cuando la voz delgada y clara, dijo: “un cuarto por dos días señor”, miré al dueño de la voz y los ojillos profundos, oscuros y sin cejas de un hombre semicalvo y canoso, mofletudo y de tez blanca me miraron con curiosidad.

Fue un impulso: “¿Le gustó el concierto?”. Le inquirí poniendo mi mejor sonrisa. La mirada, ahora extraña y con “aquel” brillo desdeñoso acompañó su voz: “¿Qué concierto señor? Acabo de llegar de Londres”. Creo que no alcanzó a oír mi: “perdone usted” pues se inclinó a firmar el papel que le tendía el muchacho detrás del mostrador.

Caminé hasta el ascensor y metí la mano al bolsillo del saco buscando la mitad de la entrada al concierto: no la encontré…

Omar Ospina García
No. 55, Noviembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 284

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s