Streap tease mágico

Para hacer bailar a una joven desnuda tómese mejorana silvestre, mirto con tres hojas de nogal y tres hojuelas de hinojo; todo ello cogido en la noche de San Juan, antes de salir el sol. Hágase secar todo a la sombra, redúzcase a polvo, pásese por un tamiz de seda, y cuando se quiera usar, échese al aire hacia el lugar donde se halla la joven, y al momento se manifestará el resultado.

Antonio Vanegas, editor, en Secretos de la Naturaleza. (1880)
No. 55, Noviembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 321

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Premonición

El sol está estallando en este preciso instante:

Según la ciencia, yo no podría saberlo, pues es una verdad científica que la velocidad de la luz es la máxima, y la única constante del Universo.

El sol está situado a ciento cincuenta millones de kilómetros de distancia de la tierra, y yo no debería enterarme sino hasta ocho minutos y dieciocho segundos después de que ocurriese.

Ahora bien: Nadie ha medido la velocidad de las vibraciones del alma, pero la mía ha viajado a trescientos millones de kilómetros por segundo para hacerme saber lo que te acabo de decir casi simultáneamente a lo ocurrido.

Si descontamos el tiempo que tardó en ir y volver (Un segundo) y el que le ha empleado en decírtelo, encontraremos que nos quedan siete minutos y treinta y dos segundos de vida; ¿Qué pueden hacer una mujer y un hombre inteligentes como tú y yo en los siete minutos y veintiún segundos finales de la vida?…

Hagámonos el amor desesperadamente, por supuesto…; Cinco minutos; durante dos minutos podemos dedicarnos a ennumerar nuestros placeres…: Y el segundo restante lo ocuparemos para contemplar cómo se acaba nuestro mundo, desde este átomo tan lejano al que han huido nuestras almas.

Francisco Álvarez Q.
No. 55, Noviembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 316

Artesanía bien intencionada

Cuando vi al de los cuernitos y la cola, a pesar de que no era yo más que una forma etérea, me sublevé. Pero él me apaciguó.

—No se alarme —dijo—. Usted está aquí solamente de visita; no se ha cometido ninguna injusticia. Sólo quería que viera lo lindo que quedó su mosaico. Después podrá ir a pasar la eternidad donde guste.

Miré al piso. Reconocí, en su forma pétrea, todas mis buenas intenciones.

Carlos María Federici
No. 55, Noviembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 315

Buena idea

Era triste, de tiempo recogido, acostumbraba dividirlo en 7 días.

La casa era demasiado grande y los cuartos muy pequeños.

Había grandes espacios inútiles.

La ventana de la recámara nunca cambió de lugar.

Un día, se le ocurrió quitar la alfombra para dejar que pasara un poco de ruido, fue una buena idea, se sintió menos solo.

Gloria Gervitz
No. 55, Noviembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 311

Gloria Gervitz

Gloria Gervitz

Gloria Gervitz

(Ciudad de México el 29 de marzo de 1943)

Es poeta y traductora. Ha dirigido talleres de poesía en Campeche y en Chetumal. Ha traducido obra de Kenneth Rexroth, Samuel Beckett, Susan Howe y Rita Dove. Ha colaborado en Casa del Tiempo, Diálogos, Discurso Literario, El Cuento, El Zaguán, Krisis, La Brújula en el Bolsillo, La Jornada Semanal, La Vida Literaria, RI, Revista Universidad de México, Siempre!, y Vuelta. Fue becaria del FONCA en 1993 y del Fideicomiso para la Cultura México-Estados Unidos en 1995. Obtuvo el Premio Fernando Jeno en 1986.

Hecha en la espera de una lenta maduración, la obra de Gloria Gervitz es breve, y hasta podría decirse que consta de un solo poema. En 1979 publicó Shajarit; en 1986, Fragmento de ventana; en 1987, Yiskor y, en 1991, Migraciones. Cada uno de estos libros recoge, en una nueva redacción, el trabajo anterior y le agrega el resultado de la reciente cosecha, de modo que el libro resulta en cada caso el mismo poema en un estado posterior de su desarrollo. “Llevo años escribiendo un poema que me crece como si fuera un árbol”, ha declarado la autora en unas breves palabras que prolongan la edición de Migraciones.

 (N. del E. Con información del INBA.)[1]

Propiedades del círculo

Una tarde, en un café de Montparnasse, me explicaron, que las relaciones humanas se dan en forma de círculos concéntricos y que lo más importante, es dejarles siempre un pequeño agujero, nunca cerrarlos completamente porque cuando se cierran, como ya no puede pasar ni aire, ni palabras, estos círculos se expanden y estallan. Casi siempre, te dejan mutilado, o si estas de suerte, sólo te quemarán el pelo, las pestañas y todas esas cosas que al fin y al cabo vuelven a crecer —cuestión de paciencia—. Para que entendiera bien esto de los círculos, sentimientos y demás, me hicieron unos dibujos sobre la servilleta. Estuve muy atenta, porque eso, de que no te des cuenta y los cierres, no es cualquier cosa. Lo que se olvidaron decirme, es que a veces los círculos también se cierran solos, aunque no quieras, aunque para mantenerlos abiertos, te pungas tu ahí, en medio de las dos líneas con grave riesgo de que te aplasten, y te conviertas en un punto final.

Gloria Gervitz
No. 55, Noviembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 308