El regreso

El obispo repasaba satisfecho y orgulloso su lujosa catedral. Cuando lo vio, estaba parado en el centro del recinto. Se acercó a él y con una mueca de asco y desprecio lo abofeteó.
—¡”Jipi” sacrílego, este es lugar sagrado para venir a ofenderlo con esa ropa y ese pelo largo y ese aspecto asqueroso!
Cristo sonrió y, lentamente, ofreció la otra mejilla.

Agustín Cortés Gaviño
No. 55, Noviembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 328

Julio

Julio quiso protestar. Esos días, esas horas que estuvo ahí bastaron para acostumbrarse, para enamorarse del tiempo, y era por eso que resistía a abandonar el espacio.

Quizá si expusiera los motivos que él consideraba de mucha justificación, lo escucharan y le permitieran estar un poco más…

Pero no, sabía que nunca los convencería, pues aceptar una transgresión de ese tamaño era como obligarlos a sonreír a la revolución que ninguno de ellos deseaba.

El Gran Jurado lo refutaría con la premisa de que eran reglas implantadas en los humanos desde antes de Cristo… que no y punto.

Un gran —casi— imposible.

La última campanada de las doce de la noche. Un nuevo día empezaba.

Julio entonces, resignado, salió, jurando volver.

Presuroso, agosto ocupó su lugar.

Armando Rodríguez Dévora
No. 55, Noviembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 322

Alfonso Prado Soto

Alfonso Prado Soto

Alfonso Prado Soto

(Irapuato, Gto., 21-IX-1921–Guanajuato, Gto., 18-XI-2004)

Inicia la Educación Primaria en la ciudad de Irapuato y la concluye en la Escuela del Centenario en Dolores Hidalgo; dado el trabajo que su padre desempeña se traslada con la familia a Guanajuato e ingresa al entonces Colegio del Estado, hoy Universidad de Guanajuato en donde continúa sus estudios hasta obtener el título de Licenciado en Derecho; se desempeña en el litigio pero prestando más atención a la actividad periodística (que ya realizaba desde muy joven), por lo que funda en la década de los sesenta un boletín denominado “Carta Política” mediante el que comenta y divulga la actividad política de la región; ocupa diversos cargos propios de la abogacía tanto en el Poder Judicial del Estado como en el Federal y en la Secretaría de Marina en el Distrito Federal. Como gran observador de la vida cotidiana de la provincia y de su gente y con ese apasionado interés por la lectura y la escritura que siempre le acompañó, escribió “Guanajuato, sus gentes, cosas y sucedidos” y “Guanajuato: callejones, calles, plazas y plazuelas” (Ulyses Editor, 1990-1996); en el año 2000 la Casa de la Cultura de la Presidencia Municipal de Guanajuato le publica “Guanajuato, mágico e ignoto” que en el año 2001 le reedita Ulyses Editor y en el año 2004 esa misma Editorial publica “Las Siete Maravillas del Mundo Guanajuatense”, que escribe con el carácter de “Biógrafo independiente de la ciudad de Guanajuato”[1].

 


[1] Datos biográficos enviados por su nieta Amaranta Caballero por e-mail

Del año 2000

Hoy, primero de enero de 2000, salen a la luz pública, los dos únicos periódicos diarios que se editarán en todo el orbe: uno, vía satélite “pájaro madrugador”; y otro, vía satélite “sputnik”.
La sección de cerebros electrónicos reputados como serios, funcionaron no sin cierto sudorcillo y dijeron: “Principios de siglo XX, belle époque; principios de siglo XXI, mort époque”
Por fin, los científicos de fines del siglo XX, han anunciado: “Ya no hay contaminación ambiental, logramos que el smog se convierta en energía”. Felicidades. Premio Nobel. Pero agregaron: “Y ahora, ¿qué hacemos con el endemoniado olorcillo que despiden las máquinas de energía smogiana?”

Alfonso Prado Soto
No. 55, Noviembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 299

Raúl Núñez

Raúl Núñez

Raúl Núñez

(Buenos Aires, 1946 ó 1947 – Valencia, 1996)

Fue un escritor argentino autor de novela, poesía y relatos.

Nace en Buenos Aires en 1946 ó 1947.

Llega a Barcelona en 1971, donde colabora con diversas revistas contraculturales de la época como Vibraciones y Bésame mucho,1 y donde aparece en 1974 su antología de poemas People.

En 1979 Producciones Editoriales publica su primera novela, Derrama whisky sobre tu amigo muerto, en la legendaria colección Star-Books.

Después de pasar dos años en Ámsterdam regresa a Barcelona. Anagrama edita sus dos novelas siguientes. Sinatra. Novela urbana en 1984 y La rubia del bar en 1986. Ambas son llevadas posteriormente al cine.

La adaptación de La rubia del bar se rueda en 1986 en catalán dirigida por Ventura Pons con el título La rossa del bar y música de Gato Pérez. Sinatra, por su parte, es dirigida en 1987 por Francesc Betriu e incluye canciones de Joaquín Sabina, que aparece además brevemente como intérprete.

A finales de los ochenta se traslada a Valencia, desde donde sigue colaborando con Playboy y otras revistas. En 1989, Laia publica su nueva novela A solas con Betty Boop.

En el semanario Cartelera Turia tiene una sección fija titulada El aullido del mudo. En 1994 Midons Editorial reúne una selección de estos textos en un volumen del mismo título y uno de ellos será convertido en el guion de un cortometraje por Francesc Betriu y el propio autor.

Muere en la madrugada del 7 al 8 de mayo de 1996, dejando terminada su última novela, Fuera de combate, que aún permanece inédita.2

En 2008 una serie de sus amigos (Francesc Betriu, Alfons Cervera, Juan Madrid, Juan Marsé, Ventura Pons y Joaquín Sabina, entre otros) consigue reunir su poesía en el volumen Marihuana para los pájaros, que incluye el contenido de todos los libros de poemas publicados anteriormente (Poemas de los ángeles náufragos, San John López del Camino, Juglarock, People y Cannabis flan).3

Ese mismo año, la antología Resaca / Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowski, que contiene treinta y siete relatos de otros tantos autores hispanohablantes, incluye su cuento Hablando con Bukowski a modo de doble tributo. Además de ésta, conforman el volumen obras breves de escritores contemporáneos como Hernán Migoya, David González, Karmelo C. Iribarren, José Ángel Barrueco, Agustín Fernández Mallo, Ana Pérez Cañamares, Ángel Petisme o Kutxi Romero, entre otros, y sendos prólogos de Patxi Irurzun y Vicente Muñoz Álvarez, responsables también de la selección[1].

Prometeo

Bueno, él tuvo la culpa por irse a vivir junto a la casa del diputado Rogel, y no como cualquier trabajador de su clase; en alguna colonia proletaria; ya que, por falta de pagos, la energía eléctrica no llegaba con regularidad a su casa, y, mediante ciertos malabares técnicos, la tomaba de la casa de su vecino. Prometeo Martínez murió electrocutado, anuncia el diario.

Raúl Nuñez
No. 55, Noviembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 320