De besos y mordidas

138-141 top
Tenía prisionero a un jefe afgano. El prisionero ensayó corromperme enviándome con mi ayudante dinero, caballos y una muchacha de Cachemira. No pude dominarme. Me enfurecí delante del jefe afgano, pero cuando se hubo retirado, creo que no resistí y di besos a la muchacha.

Rudyard Kipling. Cartas
No. 138 – 141, Enero – Diciembre 1998
Tomo XXX – Año XXXIV
Pág. 5

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