Entre inmensidades

138-141 top
Ícaro dijo: Padre mío, no puedo detenerme. Y las olas azuladas le cerraron la boca. Su infeliz padre (¡ay!, había dejado de serlo) le gritaba: Ícaro, hijo mío, ¿dónde estás? Todavía lo estaba llamando cuando vio plumas sobre las aguas.

Ovidio
No. 138 – 141, Enero – Diciembre 1998
Tomo XXX – Año XXXIV
Pág. 35

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