El escritor viejo

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No hay duda. Estoy en plena decadencia: ya no tengo más que amigos y admiradores.

J. Benavente: Diccionario privado
No. 138 – 141, Enero – Diciembre 1998
Tomo XXX – Año XXXIV
Pág. 97

Carl Sandburg

Carl Sandburg

Carl Sandburg

(Galesburg, 1878 – Falk Rock, 1967)

Poeta, narrador y biógrafo, una de las figuras del grupo de intelectuales conocido como el “Renacimiento de Chicago”, del período posterior a la Primera Guerra Mundial. Su poesía se caracteriza por su naturaleza rapsódica, coloquial y cercana al pueblo.

Nacido en el seno de una familia de inmigrantes suecos, desde muy joven tuvo que trabajar en diversos menesteres, que le llevaron a ser sucesivamente portero, camionero y campesino. Más tarde fue editor de una revista comercial y luego periodista en Chicago. En uno de sus más conocidos poemas, Chicago (1914), reflejó a esta ciudad llena de humor y de calor humano, a través de un rico y matizado lenguaje popular, constante de casi toda su poesía.

El volumen de poemas Cornhuskers (1918) describió la vida en el campo, trasladando su tono vigoroso y esperanzador de los escenarios metropolitanos a los paisajes naturales y a la vida familiar campesina. En 1928 escribió Buenos días, América, con referencias optimistas a la historia y la mitología. En 1936, producto de la depresión económica y como respuesta a la crisis, publicó uno de sus poemas más conocidos, El pueblo, sí, donde erige al hombre común norteamericano como exponente supremo de la energía y la sabiduría elementales. En 1950 publicó Poemas completos, libro con el que obtuvo el premio Pulitzer, y por el que recibió tantos elogios como ataques.

En general, su poesía es sentimental y elabora un tono rapsódico, a base de repeticiones y paralelismos en sus versos libres, con un estilo deliberadamente sencillo, en el que el componente oral y las descripciones de personajes cotidianos resultan fundamentales. Muchos críticos lo consideraron un “poeta del pueblo”, en el sentido peyorativo de homologarlo con un trovador casi folclórico. Ya en la década de 1940 había sido menospreciado por la tendencia predominante de la lírica norteamericana de esos años, impulsada por personalidades como E. Pound y T. S. Eliot, que abogaban por una poesía más conceptual y erudita: la de Sandburg, por contra, fue tildada de tradicional, folkclórica, nacionalista y poco innovadora.

En 1926 y 1940, respectivamente, publicó además las dos partes de la biografía de Abraham Lincoln, su mejor obra en prosa, y escribió también varios libros para niños, entre ellos Rootabaga (1922) y El país de Rootabaga (1929)[1].

Teilhard de Chardin

Teilhard de Chardin

Pierre Teilhard de Chardin

(Orcines, 1881 – Nueva York, 1955)

Sabio y filósofo francés. Descendiente de una vieja familia aristocrática establecida de antiguo en Auvernia, pasó su infancia en el campo, en la propiedad de sus padres. Terminados sus estudios secundarios en el colegio de jesuitas de Mongré, cerca de Lyon, entró en el noviciado de la Compañía en Aix-en-Provence. La promulgación de las leyes de Combes sobre las congregaciones religiosas le obligó a continuar sus estudios en Inglaterra; estudió Teología en Jersey y fue ordenado sacerdote en Hastings, en 1905.

Paralelamente a la vocación religiosa, la vocación científica de Teilhard de Chardin se había despertado desde la adolescencia. Durante una estancia en Egipto (1905-1908), pudo entregarse a sus primeros estudios de Geología sobre las formaciones numulíticas de Mokattan. Su interés esencial se dirigía, sin embargo, a la Paleontología; de vuelta a Inglaterra participó en las excavaciones emprendidas en el Sussex, que debían dar por resultado en 1912 el descubrimiento del “Foanthropus Dawsoni” de Piltdown (desgraciadamente parece que en esa ocasión los sabios fueron víctimas de una superchería).

Llegado a París en 1912, Teilhard de Chardin fue agregado al laboratorio de Paleontología del Museo, bajo la dirección de Marcellin Boule; sus trabajos hasta la primera guerra mundial se consagraron principalmente a los mamíferos del terciario medio e inferior de Europa. Movilizado en 1914 como cabo-camillero en un regimiento norteafricano, se condujo heroicamente (Medalla militar, Legión de Honor). Incluso en las trincheras de Champagne continuaba sus búsquedas, y sus hallazgos sobre la microfauna de Cernay le dieron el tema para su tesis en la Sorbona.

Titular de la cátedra de Geología del Instituto católico desde 1919, se doctora en Ciencias en 1922. Un año después parte para China, donde residirá casi sin interrupción durante más de veinte años. Tras una pequeña excursión (1923-26) por la Mongolia oriental (Ordos y el desierto de Gobi), Teilhard de Chardin es nombrado en 1929 consejero del Servicio geográfico nacional de China.

En 1930 participa en la expedición del Museo de Nueva York al Asia central, y tendrá parte importante en el descubrimiento del “Sinanthropus”. Desde abril de 1931 a febrero de 1932 acompaña la gran misión transasiática Haardt-Citroën (el famoso “Crucero amarillo”). Director de las excavaciones de Chukutien, cerca de Pekín, en 1932, parte en 1935 hacia la India septentrional y central con la Yale Cambridge Expedition, y en 1936, 1937 y 1938 realiza incursiones en Java (investigaciones en los depósitos originarios del “Pithecanthropus”). Teilhard pasará todo el período de la segunda Guerra Mundial en Pekín y no regresará a Francia hasta 1945.

En 1947 es nombrado director de investigaciones en la Recherche Nationale Scientiphique y, en 1950, elegido miembro de la Academia de Ciencias. Establecido en los Estados Unidos a partir de 1951, en calidad de agregado a la Wenner-Gren Foundation, todavía realizó dos expediciones en África del Sur (1951-1953); contaba más de setenta años[1].


Tecnología de punta

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En un breve libro de 1703, cuyo fin consiste en dar una “solución probable” al problema de la emigración de los pájaros, los pájaros se retiran a la luna, viaje que debe llevarles sesenta días. Viven de sus reservas, que no se gastan sino lentamente, dado que, a falta de objetos que los distraigan, están más o menos dormidos.

Teilhard de Chardin
No. 138 – 141, Enero – Diciembre 1998
Tomo XXX – Año XXXIV
Pág. 84

Los vibros

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Los vibros aman el agua, bucean para coger esponjas, acaban con los tiburones y los pulpos. Vuelven al anochecer, sin haberse secado, con el cuerpo azulado de fosforescencias. Sus mujeres dan a luz en una barca, pues encuentran en los movimientos del mar las fuerzas necesarias para expulsar al niño que desea nacer.

Henri Michaux
No. 102, Abril-Junio 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 136

Henri Michaux
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 437