Jubilado en París

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Hay un viejo jorobado que conduce un bote de juguete por el estanque, con el rostro extasiado más bello que jamás haya visto. Cuando ya sea lo bastante viejo para no tener que darme ninguna excusa para no trabajar, tendré un descolorido sombrero hongo como el suyo y me pasaré los días conduciendo un bote de juguete en los jardines de Luxemburgo.

W. Faulkner
No. 138 – 141, Enero – Diciembre 1998
Tomo XXX – Año XXXIV
Pág. 100

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Llaneza

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No es para los que quieren distinguirse; estos necesitan complicar las cosas.

Diccionario: de Ambrosio, el de la carabina
No. 138 – 141, Enero – Diciembre 1998
Tomo XXX – Año XXXIV
Pág. 98

Cecil B. DeMille

Cecil B. DeMille

Cecil Blount DeMille

(Ashfield, Massachusetts, 12- agosto- 1881. Hollywood, California, 21- enero-1959)

 

Fue un director de cine estadounidense conocido por dirigir y producir la cinta Los diez mandamientos (1956), la séptima película más taquillera de todos los tiempos y la primera de la lista que se basa en la Biblia.

Entre sus otras películas éxitosas se incluyen Cleopatra (1934), Sansón y Dalila (1949) y El mayor espectáculo del mundo (1952) por la cual ganó el premio Óscar a la mejor película.

Nació en Ashfield, Massachusetts. Sus padres, Henry Churchill DeMille (1853–1893), episcopaliano, y Matilda Beatrice Samuel (1853–1923), judía de ascendencia alemana, se dedicaban a escribir obras de teatro. Henry murió cuando Cecil tenía 12 años y su madre comenzó a mantener el hogar, tras abrir un colegio para señoritas y una compañía de teatro.

Demasiado joven para enrolarse en el ejército y participar en la guerra de Estados Unidos contra España, siguió a su hermano William a Nueva York, para estudiar en la Academia de Artes Dramáticas, e hizo su debut teatral en 1900.

Fue durante 20 años actor y manager de la compañía de su madre. En 1913 junto a Jesse L. Lasky y Samuel Goldwyn, fundaron la Lasky (Paramount), y al año siguiente, produjeron The Squaw Man, su primera película de Hollywood. Produjo y dirigió 70 películas y estuvo muy ligado a muchas más. La mayoría de sus películas son comedias con dejes sexuales, ya que siempre sostuvo que los norteamericanos eran curiosos sólo con el sexo y el dinero.

Su hija adoptada Katherine DeMille se casó con el talentoso actor Anthony Quinn en contra de sus deseos y nunca le prestó ningún apoyo. Su hija biológica se llamó Cecilia.

También es muy conocido por sus producciones de filmes épicos y bíblicos, como Rey de reyes (King of Kings), Los diez mandamientos (The Ten Commandments) (1923)[1].

En Rusia

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Se nos dijo que más allá, en el seno de las montañas, en un lugar conocido como Valle de Svanetia, residía una tribu, descendiente de una hueste de cruzados extraviados, que aún usaban corazas y armas con inscripciones en latín. Aquella gente hablaba una lengua que no comprendía nadie más que ellos, y practicaba una religión mixta de paganismo, cristianismo e islamismo.

Cecil B. Demille
No. 138 – 141, Enero – Diciembre 1998
Tomo XXX – Año XXXIV
Pág. 92

Federico Gamboa

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Federico Gamboa

(Ciudad de México, 1864 – 1939)

Novelista y dramaturgo mexicano considerado el principal exponente del naturalismo en su país. Pese a las adversidades de su infancia y a las dificultades con que tropezó para su formación, logró ingresar en 1888 en la carrera diplomática. Ocupó puestos en Argentina, Brasil, América Central y Estados Unidos, y representó a su país en España como embajador (1910-1911); subsecretario interino de Relaciones Exteriores en 1908, se le confirmó en su cargo como titular en 1909 y desempeñó interinamente la Secretaría de Relaciones en 1910. Fue delegado en la Conferencia de Derecho Internacional Marítimo (Bruselas, 1909), diputado y director de la Academia Mexicana de la Lengua.

Alternó su trabajo como funcionario público con la creación literaria, en la que cultivó tres géneros: novela, autobiografía y dramaturgia.Su importancia radica, sobre todo, en el trabajo realizado dentro del ámbito novelesco. Por convicción y afinidad estética se adhirió al naturalismo francés y, de manera particular, al representado por E. Zola y los hermanos Goncourt, que se distinguía por la crudeza de la expresión y la sordidez de los temas abordados.

Su novela más exitosa es Santa (1903), que ha merecido infinidad de reimpresiones y ha sido llevada al cine varias veces. Santa relata el drama de la pueblerina que, seducida y abandonada, busca refugio en una casa de mala nota. “Los capítulos de exposición -como ha observado un crítico contemporáneo-, por la maestría con que están compuestos, por la fuerte entonación y la plasticidad del estilo, son de lo mejor y más bello que ha salido de la pluma del novelista.”

Santa lleva una vida de disipación, en la que se mezclan el dolor y el placer. En la noche de su existencia aparece la figura del enamorado ciego, el pianista Hipólito, que en vano quiere llevarla a su lado; pero cuando más tarde la muchacha cae gravemente enferma y lo manda llamar, él no sólo la traslada a su propia casa, sino que le prodiga todos los cuidados; y al morir Santa en el hospital, aún bajo los efectos de la anestesia, al músico le queda el triste privilegio de cerrar sus ojos y llevarla a enterrar a su pueblo natal.

Gamboa se complace, fiel a su tendencia naturalista imitada de los corifeos de la escuela de Zola y los hermanos Goncourt, en los detalles nimios, y en la precisa reproducción del ambiente, ya siniestro, ya penetrado de dulzura dolorosa. La mezcla de sentimentalismo y de repugnancia explica el éxito de esta novela, de la que se han hecho incontables ediciones, y que fue llevada a la pantalla con éxito halagüeño. Críticos posteriores cuestionaron no sólo el patetismo extremo de ésta y otras historias de Gamboa, sino también su tendencia moralizadora y edificante.

Anteriores a Santa son las novelas cortas del libro titulado Del natural (1888) y las narraciones largas Apariencias (1892), Suprema Ley (1896) y Meditaciones (1899); posteriormente escribió las novelas tituladas Reconquista (1908) y La llaga (1910). Hoy nos parecen las novelas de Gamboa verdaderamente truculentas: la monja que deja los hábitos en brazos de la pasión sensual; el presidiario que se redime por el amor; el oficinista que se encenaga por el frenesí que en él despierta una delincuente; la linda e ingenua aldeana que es engañada y se prostituye, para acabar inspirando una pasión pura a un pianista ciego. Sin embargo, hay ternura en muchas escenas ciudadanas y natural encanto en algunos cuadros rurales.

En el terreno de la autobiografía, fue autor de Impresiones y recuerdos (1893) y varios volúmenes con el título genérico de Mi diario. Mucho menos relevante y conocida es su dramaturgia, la cual incluye piezas como La última campaña (1894), La venganza de la gleba (1905) y Entre hermanos (1928). El prestigio de Gamboa comenzó a decaer tras su fallecimiento y se vio opacado, al menos en parte, por la irrupción de la llamada Novela de la Revolución[1].