Taliesin

Taliesin

Taliesin

(c. 534–599)

Escrito Taliessin en los Idilios del rey, de Alfred Tennyson, es el más antiguo poeta galés conocido. Pertenecía al grupo de los Cynfeirdd (en galés, «bardos primitivos» durante la época heroica del reino de Gales, con el rey Cynan Garwyn y el príncipe Urien Rheged como héroes. Su poesía dramática muestra que la lengua galesa era empleada como medio artístico habitual.1 Toda su obra se encuentra recogida en el Llyfr Taliesin («Libro de Taliesin»).

La mayor parte de su vida está rodeada de misterio, de tal forma que algunos estudiosos afirman que tras el nombre de Taliesin se esconden varios poetas anónimos a lo largo del siglo VI.2 Su nombre ha sido asociado en la literatura posterior al culto druídico, como en la novela Las nieblas de Avalón de Marion Zimmer Bradley, donde Taliesin es Merlín o en la también novela Taliesin de Stephen R. Lawhead, donde es presentado como el padre del mago Merlín y como el último gran chamán celta.3 En otras novelas también lo presentan como un incubo que dio vida a Merlín[1].

Mago Celta

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Soy un milagro cuyo origen se desconoce. Estuve en el arca con Noé y Alfa; presencié la destrucción de Sodoma y Gomorra. Estuve en África antes de la fundación de Roma, y vengo ahora a los despojos de Troya. Estuve con mi señor junto al pesebre del asno; fortalecí a Moisés con las aguas del Jordán. Llegué al firmamento con María Magdalena; pasé hambre por el Hijo de la Virgen; obtuve la musa del caldero de los Keridwas. Fui un bardo arpista de Lleon en Llochlyn. Estuve en la banca en la corte de Kynvelyn, encadenado durante días. Fui un maestro para todo el mundo y estaré hasta el Día del Juicio sobre la faz de la tierra…

Taliesin
No. 14, 1965
Tomo III – Año II
Pág. 97

Juan B. Bergua

Juan Bautista Bergua

Juan Bautista Bergua Olavarrieta

(Madrid, marzo de 1892 – 9 de junio de 1991) 

Fue un filólogo, traductor, antólogo, crítico literario, editor y librero español.

Era hijo del librero madrileño Juan Bergua López. Con gran capacidad para aprender idiomas desde la infancia, demostró su excepcional memoria aprobando en dos años la carrera de derecho que comenzó con dieciséis. Fue a París a estudiar legislación comparada, pero cambió su campo de interés a las lenguas orientales, en especial el sánscrito.

Volvió a Madrid por la muerte de su padre, hecho que le obligó a ocuparse del negocio familiar. A partir de entonces comienzó a publicar su ingente producción literaria. En 1927 fundó la Librería-Editorial Bergua, destinada al gran consumo (un libro cada mes). Desde 1930 editó literatura revolucionaria, con gran éxito, y comenzó a intervenir en política, proponiendo la fundación de un Partido Comunista Libre que, pese a las propuestas de afiliación recibidas, no llegó a estructurarse. Mantuvo amistad con personajes de izquierda y derecha (Pedro Rico y el General Mola).

Al comienzo de la guerra civil española (1936) es primero investigado por las checas republicanas de Madrid y después detenido por las tropas nacionales que ocuparon Getafe, donde se encontraba su casa de campo. Recurriendo a su amistad con Mola, es liberado. Se exilia en Francia (1937), donde su amigo el hispanista Jean Sarrailh le consigió trabajo como lector de español en distintos lycées, finalmente en el de Carcasona. Volvió a España en 1959.

Su obra más divulgada es la antología Las mil mejores poesías de la lengua castellana[1].

Origen del alma

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Como decía Hippasos, el pitagórico acousmático era el instrumento inteligente de Dios, del Dios que había creado el mundo, el alma, unidad de la unidad de lo múltiple, expresión y principio de toda medida, de todo ritmo, de toda armonía, constituía la vida del universo y al mismo tiempo, el ritmo, la medida, la armonía de la vida universal. De esta alma del Mundo venían las almas particulares de los seres vivos.

Juan B. Bergua
No. 14, 1965
Tomo III – Año II
Pág. 86

Inferno V

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En las altas horas de la noche, desperté de pronto a la orilla de un abismo anormal. Al borde de mi cama, una falla geológica cortada en piedra sombría se desplomó en semicírculos, desdibujada por un tenue vapor nauseabundo y un revuelo de aves oscuras. De pie, sobre su cornisa de escorias, casi suspendido en el vértigo, un personaje irrisorio y coronado de laurel, me tendió la mano invitándome a bajar.

Yo rehusé amablemente invadido por el terror nocturno, diciendo que todas las expediciones, hombre adentro, acaban siempre en superficial y vana palabrería.

Preferí encender la luz y me dejé caer otra vez en la profunda monotonía de los tercetos, allí donde una voz que habla y llora al mismo tiempo, me repite que no hay mayor dolor que acordarse del tiempo feliz de la miseria.

Recordado por Jorge Luis Borges
No. 14, 1965
Tomo III – Año II
Pág. 76