La llave

103-104 top
Al volver de noche a casa apliqué mi llave y, aunque me costó algún trabajo, logré abrir la puerta. Al entrar se apagó bruscamente la luz pero pude ver que aquella casa no era mía.

No sé cuánto tiempo llevo aquí. Algo viscoso se pega a mi piel. Un dolor intenso me atraviesa el vientre y los riñones. Hay un olor nauseabundo.

A. F. Molina
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 278

Anuncios

Sorpresa

103-104 top
Boca arriba en la cama abrió los ojos y vio en el techo una franja de luz que dejaban pasar las cortinas. “Es tarde”, pensó y tuvo el impulso de levantarse. Pero no sabía por qué o a qué levantarse, así que se cobijó hasta la barbilla con el gusto de quedarse acostado un rato más. Aunque, en realidad, no estaba muy seguro de que eso debiera alegrarlo porque, al final de cuentas, tampoco sabía por qué estaba allí en esa habitación desconocida, donde nada le era familiar. El papel tapiz, ni los muebles de mimbre, ni el crucifijo de plata, ni la cama demasiado blanda, ni esas manos con que tomaba las sábanas ni los anillos que las marcaban. Intentó recordar qué había sucedido el día anterior, qué esperaba hacer ese día, dónde estaba, con quién vivía.

Después de un rato de estupor se puso de pie con un cuerpo que nunca había visto, se asomó al espejo del tocador, contempló asustado a un extraño que lo veía con miedo. Quiso decir algo, pero lo aterró la idea de pronunciar una voz que no hubiese escuchado antes jamás.

Felipe Garrido
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 275

Umbral

103-104 top
En las mañanas que más recuerdo, sentada en el umbral de la casa, con el gato, pesado y caliente en mi falda, acariciaba sin cansancio ni apuro el pelo grisáceo y oía el ronroneo satisfecho que formaba su respiración: cuidaba así la herencia que mi padre me había dejado con tantas recomendaciones. Ni siquiera levantaba los ojos cuando reconocía tus pasos, a los que nunca confundí con los de los otros, tus pasos, desde que ibas a la escuela y regresabas, al mediodía, siempre por la vereda de la casa, sin las costumbres torpes de los demás muchachos. No te detenías a olerme, ni me maldecías, ni me tirabas piedras. Sólo una vez te detuviste, una sola, acercándote con cuidado, para escupir sobre mi cabeza agachada, sobre mi atención fija en tus piernas, lo único que conozco de tu persona.

Por el recuerdo de aquella vez me animo a decirte que los años me han manoseado, que ya no soy la muchacha, ni la mujer, ni la vieja, sino una gata sarnosa, estirada en el umbral de la casa, que me fija con zurda lealtad de espejo.

Juan Carlos Ghiano
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 274

José Prats Sariol

José Prats Sariol

JOSÉ PRATS SARIOL (La Habana 1946),

Hizo estudios de Literatura en la Universidad de la Habana.

Crítico literario, narrador, ensayista y profesor universitario, posee una compacta obra en la que sobresalen las novelas: Erótica, Mariel (1997, 1999), Guanago Gay (2001); Las penas de la joven Lila (2004); y Cuentos… además de los textos críticos: Estudios sobre poesía cubana (1988); Criticar al crítico (1983); Pellicer río de voces; No leas poesía…; y Fabelo (1994).

Junto con un grupo de críticos literarios preparó en 1988, la edición cumbre de Paradiso, la novela de Lezama Lima para la UNESCO.

Ha sido compilado en el libro Tópicos y trópicos pellicereanos. Estudios sobre la vida y obra de Carlos Pellicer, ed. Hora y veinte, 2005, con el ensayo Pellicer, Lezama, el amor filial.

A su cargo estuvieron la preparación (compilación, prologo, notas…) de La Habana (1992)y de La materia artizada (1996).

Ha ofrecido conferencias en universidades y centros culturales en diversas partes del mundo. Fue huésped becado, de la Casa del Escritor de Puebla, México, durante dos años, en donde coadyuvó en la preparación de escritores noveles, creó la revista Instantes, bajo los auspicios de la Universidad de las Américas  y colaboró en varias publicaciones literarias locales.

Actualmente reside en Ohio.

Este 2011 publicó el libro de ensayos Lezama Lima o el azar concurrente, Ed. Confluencias de España[1].

Demode

Sobre la arena, una preciosa edición de La papisa Juana de Emmanuel Royidis, en la traducción y adaptación del griego al inglés realizada por Lawrence Durrell. Varadero en agosto reverberaba. Contempló el libro unos segundos y pensó que sólo tendría lectura para el resto de la tarde. De una guagua de los astilleros de Cárdenas bajaban varias familias con los niños ya en trusa. Recordó que en la habitación todavía le quedaba Terra nostra de Carlos Fuentes, con las litografías originales de Alberto Gironella. Las familias acomodaban las jabas y bolsas repletas de emparedados y mangos en la arena aledaña a La papisa. Se alegró de la previsora medida, y más cuando retornó a su memoria la cubierta de A rebours, impresa en París en 1897, que también había traído a las vacaciones. Las pelotas y salvavidas se inflaban rápidamente. Mientras tanto, de un radio portátil salía un son montuno. Se sumergió en un pasaje sobre las cortesanas atenientes y las curiosas costumbres de ciertos frailes. Pronto el juego con la pelota, suerte de voleibol sin malla, generó la algarabía entre los adolescentes del grupo. Algo comenzó a exacerbarlo. Voleaban, corrían, rodaban, gritaban. Los cuatro verbos repercutieron en La papisa, fragmentaron la lectura. Pelota y joven cayeron sobre libro y lector. “Perdón compañero”. “Animal”. “¿Por qué? “Eso digo yo”. “Jugábamos, perdón”.

Sol y mar. Recogió rápidamente sus cosas. Espuma y salitre. Refunfuñó al ponerse de pie. Familias y risas. Lanzó una mirada centelleante. Un niño se le acercó con un salvavidas: “Infla, chico, anda”: un líquido verdoso manchó de momento la fina arena.

José Prats Sariol
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 272

El anfitrión

Tito dejó caer la mano cerrada pesadamente, sobre la mesa, manchando el mantel de ron con coca que saltó de su vaso.

—Bueno, ya; a chingar a su madre todos. ¡Váyanse! Fuera todos, pinches gorrones. ¡A la chingada!

Se paró tambaleante, dejando caer la silla.

—Tito, por favor, no mames.

—Sí, pinche Tito; derecho, no mames.

—¡A la chingada, a la chingada! Ya no quiero ver a nadie. ¡Fuera de mi casa todos! Voy a hacer el amor con mi mujer ahorita, a-ho-ri-ta; así que fuera todos. Quiero quedarme sólo con Rita.

Rita, con el rostro enrojecido, comenzó a llorar, tratando de contener sus lágrimas:

—Perdónenlo, por favor; ya está muy tomado.

 

Se fueron los invitados, uno a uno, despidiéndose nada más de Rita: “adiós, amiga”. “Cuídalo”. “Dale café bien cargado…”

Se quedaron solos. Tito, bailando grotescamente, de cachetito con una mujer imaginaria, con su cuba en la mano derecha, se manchó el traje sin darse cuenta. Rita lo observaba con pena:

—¿Por qué te pones así cuando tomas?

—Porque ya todo me vale madre. Odio a todo el mundo, nadie me quiere, tengo deudas y nadie me ayuda. Todos son unos hijos de la chingada además…

—Eso no es cierto. Tienes a tus amigos que te quieren, te va bien en tu trabajo, ¿o no? Tienes deudas, pero no son de millones de pesos, ¿o sí? No seas tan desesperado Humberto. Mira, trata de serenarte, piensa bien en todo lo que te digo, ya vas a ver que tu situación no es tan terrible como tú crees. ¿Me prometes que lo vas a hacer?

—Está bien, te lo prometo. Voy a tratar de serenarme.

Rita consultó con aflicción su reloj:

—¡Hijos! Adiós Tito, ya me voy; ya es muy tarde. Por lo visto esta fiestecita fue un fracaso gracias a tus berrinchitos, ¿verdad? Si me apuro, a lo mejor alcanzo a alguien que me pueda llevar a mi casa.

—No te vayas, Rita, por favor; si corrí a todos fue para quedarme a solas contigo, porque te necesito, porque eres una muchacha extraordinaria.

—¡Ay qué lindo! De veras, no me puedo quedar, aunque quisiera; gracias por lo que me has dicho; tú también eres un muchacho extraordinario. Rita abrió la puerta, y antes de salir se volvió repentinamente indignada:

—Por cierto, pinche idiota: ¿de dónde sacaste que yo soy tu mujer?

 

Jesús Falconi
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 271