La llave

103-104 top
Al volver de noche a casa apliqué mi llave y, aunque me costó algún trabajo, logré abrir la puerta. Al entrar se apagó bruscamente la luz pero pude ver que aquella casa no era mía.

No sé cuánto tiempo llevo aquí. Algo viscoso se pega a mi piel. Un dolor intenso me atraviesa el vientre y los riñones. Hay un olor nauseabundo.

A. F. Molina
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 278

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