Telequinesia

—Habrá que creer o reventar— le dijo el hombre que salía de la habitación cuando él entraba.

Él terminó de entrar. La mujer esperó que se sentara, cerró los ojos y, con voz cavernosa, llamó a la mesa provenzal que estaba en el primer piso. Moviendo ágilmente las patas, como un perfecto cuadrúpedo amaestrado, la mesa bajó por la escalera.

—Esto es increíble —exclamó él. Y, antes de que pudiera explicarse mejor, reventó.

Raúl A. Brasca
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 297

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