Caja de resonancias

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Ha creído esconderla con gran sigilo, como siempre que roba, en el hueco de esa pared descubierta en la infancia y que tantas veces le había servido de escondite, pero no demora en advertir asombrado que fue su propia mano la que por un inexplicable error dejó atrás en esta ocasión, la indispensable, sigilosa mano, cómplice fiel de mil pequeñas fechorías, desprendida quién sabe cómo y sin dolor del brazo, y en seguida cae en la cuenta de que todo él, amplificando violentamente las nunca antes sentidas culpas, no hace más que sonar y resonar con vehemente acordes convertido en un gran objeto en movimiento que huye por las calles de la hasta entonces desierta ciudad atrayéndose la atención de múltiples ojos y oídos que sin el menor asombro llenan las aceras viéndolo —oyéndolo correr frenético, espectáculo para ellos fugaz— para él interminable, mientras con sus presencias lo acusan y él se torna consciente de ser una enorme, deshumanizada reproducción andante de aquella adorable caja de resonancias extraída del escaparate por su mano experta minutos antes de sentirse embelesado por la sonora armonía de sus ahora cada vez más delatoras repercusiones.

Enrique Jaramillo Levi
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 316

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Héctor Canales González

Héctor Canales González

Héctor Canales González

 

Nació en El Grullo, Jalisco, en el año de 1949 y radica en Zamora, Michoacán, desde 1966.

Miembro fundador y primer director de La Casa de la Cultura del Valle de Zamora.

Miembro fundador de la Corresponsalía en Zamora de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística “Alfonso García Robles” en 1988, y presidente de la misma en el periodo 1992-1993.

Participó en el Encuentro Latinoamericano de Narradores (1985), en el V Encuentro Estatal de Cuentistas y Narradores (1989) y en el V Encuentro Internacional de Narrativa (1990), realizados en la ciudad de Morelia, Michoacán.

Participó en el Primer Encuentro de Poetas, en Zamora, 1997.

Director de la revista Signos y de la editorial del mismo nombre.

Ha publicado en revistas y periódicos de la ciudad de México, Zacatecas, Jalisco y Michoacán.

Miembro del Consejo de redacción y colaborador del semanario Guía, 1980-1982 y del suplemento Las Ventanas, 1977-1982.

Director ejecutivo del periódico Identidad, 1989.

Miembro del Consejo de redacción de la revista Hontanar, 1991-1992.

Miembro fundador de la Correspondiente en Zamora del Seminario de Cultura Mexicana.

Miembro fundador y Secretario del Consejo Municipal para la Cultura y las Artes de Zamora.

Director del suplemento Dominó, del diario Z de Zamora, 2001-2002.

Ha publicado:

Apariciones (cuentos), 1981.

13 Cuentos, 1984.

Maniático y obsesionado (opemas y prosemas), 1985.

Justo a tiempo (cuentos cortos), 1988.

El más feliz (cuentos), 1989.

Diario de viaje (relatos), 1999.

Epílogo del vuelo (poemas), 2002.

Deseada carne (textos breves), 2006[1].

Deseada carne

Acaricio tu cuerpo húmedo con la yema de mis dedos para sentir el placer de mi piel sobre a tuya.

Acaricio tu cuerpo con un deseo creciente porque conozco tu espíritu, porque sé que en tu interior late la esencia divina y el demonio: eres portadora del bien y el mal.

Lenta y cuidadosamente voy despojándote de la piel que te cubre, y siento agua en la boca al pensar en tu carne blanca y dulce. Te observo, desnuda ya, y me extasío en la contemplación, para lamer las gotas del néctar maravilloso de tus secreciones. No puedo resistir por más tiempo el deseo y muerdo, desgarro, despedazo, mastico, revuelvo y trago tu carne con desesperación, eres maravillosa como la vida y breve como la felicidad.

Con desenfado arrojo las semillas con un impulso de la lengua y arranco de aquel racimo otra uva a la que voy quitando despacio y cuidadosamente la piel.

Héctor Canales González
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 313

El sueño es vida

—El engreído cree que nos atemoriza con su látigo bordado de lentejuelas. Ojalá supiera que su traje de lujo nos da risa, y que rugimos para dejar contentos a los padres de familia, que son los que pagan. Además —supongo que estarás de acuerdo—, si aceptamos hacer acrobacias y bufonadas propias de monos, es porque con tanto viaje ya perdimos para siempre la ruta de regreso a la selva, sin contar que, para sobrevivir, todos nos vendemos un poco cada día… Pero, ¿tú qué opinas? —preguntó el tigre, sin obtener respuesta del viejo león, dormido desde hacía muchas palabras para poder resistir la segunda función.

Roberto Bañuelas
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 309

Espejo

De noche alguien te busca entre las aguas. Entre los moluscos y las diatomeas. Ya sube los escalones del insomnio, ya baja a sumergirse y a perderse. Abre los ojos, —su cielo se ha cubierto de espuma—. Todas las noches hace lo mismo: Sale de su casa, se sienta frente al mar y grita tu nombre. Yo lo sé porque lo he visto a través de mi ventana.

Ahora fabrica barcos de papel que las olas juegan a llevarse y a desaparecer bajo los lomos de jade, ¿Dónde estarán los barcos que soltamos ayer?, ¿en qué lugar se esconde tu pasado? Siempre es así: El pasado es un verbo que ya no puede conjugarse, marchito, inalcanzable.

Cierro la cortina y los ojos. Me vuelvo. Aquel hombre se ha quedado frente al mar, fiel a su oficio de evocar fantasmas. Contemplo tu retrato. Pienso en ti.

Salgo de la casa, me siento frente al mar y grito tu nombre. Cubro la playa con navíos frágiles y cuadriculados. “Un día el mar devolverá mis barcos, y con ellos, cada letra de tu nombre y tu sonrisa”.

Que extraño, desde la ventana de mi casa, alguien como yo, me observa.

César León
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 311

La isla de los seguros

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… donde no sólo podemos asegurarle su casa, su automóvil, su empleo y su televisión; dónde no sólo le aseguramos a usted contra incendio, contra secuestro, contra violación, contra temblores e inundaciones, contra terremotos y revoluciones, contra granizo, contra huracanes y gases lacrimógenos; donde no sólo le aseguramos la voz si es usted cantante famoso, las piernas si es un futbolista célebre, el pulso si es cirujano ilustre o el carisma si es usted un tirano insigne; donde no sólo —le dijo el guía a Palinuro— lo aseguramos contra la pérdida de un ojo, de los dedos, de una vértebra, de la vena cava superior, del esfínter anal, donde no sólo lo aseguramos contra las embolias, contra el cáncer, contra el síntoma de Petruschky y contra el estafiloma pelúcido; donde no sólo lo aseguramos contra resbalones, choques, mordidas y rasguños, contra aerolitos que caen del cielo y leones que se escapan del zoológico, contra asaltantes, contra locos, contra fantasmas.

… donde no sólo, en fin, le aseguramos cada parte de su cuerpo y cada una de sus posesiones contra toda clase de daños o pérdidas, o en otras palabras, no sólo le aseguramos el pelo, su pluma fuente, la muela del juicio y sus navajas de afeitar contra caída, robo, caries o pérdida de filo, sino que también le aseguramos la crónica que usted escriba de la Isla: se la aseguramos contra la incredulidad, la burla, el plagio, la incomprensión, la caducidad y el olvido”. Pero hay otra isla, la del Alquiler, “para viajar a la cual Palinuro alquiló un medio de transporte, alquiló un camino y alquiló un mapa, unas maletas, una ropa, un guía y unas vacaciones. En esta Isla —le dijo el guía— usted puede alquilar todo lo que guste: un automóvil, una escalera, un caballo, un refrigerador, una casa, un cuadro famoso, una alfombra, un traje de etiqueta, una televisión. Si desea usted un jardín, le alquilamos el jardín y le alquilamos las tijeras para cortar las rosas, la tierra para llenar las veredas y el agua para desbordar las fuentes del jardín. Si desea hacer una fiesta, le alquilamos el salón, los meseros, los vasos y la vajilla, las invitaciones y los invitados, los chistes y las conversaciones.

“Si quiere usted casarse, le alquilamos el juez, y la iglesia, la novia y el traje, la música y la luna de miel. En esta isla le alquilamos días lluviosos y meses de verano: le alquilamos un pasado feliz o un futuro glorioso. Incluso le alquilamos la vida y la muerte; si usted quiere nacer, le alquilamos el hospital, el médico, los padres y los padrinos, los biberones y los fórceps. Si usted quiere morir, le alquilamos el ataúd, le alquilamos las flores y las esquelas, le alquilamos las plañideras, le alquilamos tres metros de tierra. Y si usted no tiene dinero, no importa: le alquilamos una fortuna, le alquilamos un mecenas, le alquilamos un negocio próspero con tal de que usted, en esta Isla, pueda alquilar todo lo que necesite y guste: un riñón, un paraguas, un idioma, un monumento, una fe religiosa, una máquina de escribir para que escriba la crónica de la Isla.

Fernando del Paso en “Palinuro de México”
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 303