Caja de resonancias

103-104 top
Ha creído esconderla con gran sigilo, como siempre que roba, en el hueco de esa pared descubierta en la infancia y que tantas veces le había servido de escondite, pero no demora en advertir asombrado que fue su propia mano la que por un inexplicable error dejó atrás en esta ocasión, la indispensable, sigilosa mano, cómplice fiel de mil pequeñas fechorías, desprendida quién sabe cómo y sin dolor del brazo, y en seguida cae en la cuenta de que todo él, amplificando violentamente las nunca antes sentidas culpas, no hace más que sonar y resonar con vehemente acordes convertido en un gran objeto en movimiento que huye por las calles de la hasta entonces desierta ciudad atrayéndose la atención de múltiples ojos y oídos que sin el menor asombro llenan las aceras viéndolo —oyéndolo correr frenético, espectáculo para ellos fugaz— para él interminable, mientras con sus presencias lo acusan y él se torna consciente de ser una enorme, deshumanizada reproducción andante de aquella adorable caja de resonancias extraída del escaparate por su mano experta minutos antes de sentirse embelesado por la sonora armonía de sus ahora cada vez más delatoras repercusiones.

Enrique Jaramillo Levi
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 316

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