Deseada carne

Acaricio tu cuerpo húmedo con la yema de mis dedos para sentir el placer de mi piel sobre a tuya.

Acaricio tu cuerpo con un deseo creciente porque conozco tu espíritu, porque sé que en tu interior late la esencia divina y el demonio: eres portadora del bien y el mal.

Lenta y cuidadosamente voy despojándote de la piel que te cubre, y siento agua en la boca al pensar en tu carne blanca y dulce. Te observo, desnuda ya, y me extasío en la contemplación, para lamer las gotas del néctar maravilloso de tus secreciones. No puedo resistir por más tiempo el deseo y muerdo, desgarro, despedazo, mastico, revuelvo y trago tu carne con desesperación, eres maravillosa como la vida y breve como la felicidad.

Con desenfado arrojo las semillas con un impulso de la lengua y arranco de aquel racimo otra uva a la que voy quitando despacio y cuidadosamente la piel.

Héctor Canales González
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 313

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