La isla de los seguros

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… donde no sólo podemos asegurarle su casa, su automóvil, su empleo y su televisión; dónde no sólo le aseguramos a usted contra incendio, contra secuestro, contra violación, contra temblores e inundaciones, contra terremotos y revoluciones, contra granizo, contra huracanes y gases lacrimógenos; donde no sólo le aseguramos la voz si es usted cantante famoso, las piernas si es un futbolista célebre, el pulso si es cirujano ilustre o el carisma si es usted un tirano insigne; donde no sólo —le dijo el guía a Palinuro— lo aseguramos contra la pérdida de un ojo, de los dedos, de una vértebra, de la vena cava superior, del esfínter anal, donde no sólo lo aseguramos contra las embolias, contra el cáncer, contra el síntoma de Petruschky y contra el estafiloma pelúcido; donde no sólo lo aseguramos contra resbalones, choques, mordidas y rasguños, contra aerolitos que caen del cielo y leones que se escapan del zoológico, contra asaltantes, contra locos, contra fantasmas.

… donde no sólo, en fin, le aseguramos cada parte de su cuerpo y cada una de sus posesiones contra toda clase de daños o pérdidas, o en otras palabras, no sólo le aseguramos el pelo, su pluma fuente, la muela del juicio y sus navajas de afeitar contra caída, robo, caries o pérdida de filo, sino que también le aseguramos la crónica que usted escriba de la Isla: se la aseguramos contra la incredulidad, la burla, el plagio, la incomprensión, la caducidad y el olvido”. Pero hay otra isla, la del Alquiler, “para viajar a la cual Palinuro alquiló un medio de transporte, alquiló un camino y alquiló un mapa, unas maletas, una ropa, un guía y unas vacaciones. En esta Isla —le dijo el guía— usted puede alquilar todo lo que guste: un automóvil, una escalera, un caballo, un refrigerador, una casa, un cuadro famoso, una alfombra, un traje de etiqueta, una televisión. Si desea usted un jardín, le alquilamos el jardín y le alquilamos las tijeras para cortar las rosas, la tierra para llenar las veredas y el agua para desbordar las fuentes del jardín. Si desea hacer una fiesta, le alquilamos el salón, los meseros, los vasos y la vajilla, las invitaciones y los invitados, los chistes y las conversaciones.

“Si quiere usted casarse, le alquilamos el juez, y la iglesia, la novia y el traje, la música y la luna de miel. En esta isla le alquilamos días lluviosos y meses de verano: le alquilamos un pasado feliz o un futuro glorioso. Incluso le alquilamos la vida y la muerte; si usted quiere nacer, le alquilamos el hospital, el médico, los padres y los padrinos, los biberones y los fórceps. Si usted quiere morir, le alquilamos el ataúd, le alquilamos las flores y las esquelas, le alquilamos las plañideras, le alquilamos tres metros de tierra. Y si usted no tiene dinero, no importa: le alquilamos una fortuna, le alquilamos un mecenas, le alquilamos un negocio próspero con tal de que usted, en esta Isla, pueda alquilar todo lo que necesite y guste: un riñón, un paraguas, un idioma, un monumento, una fe religiosa, una máquina de escribir para que escriba la crónica de la Isla.

Fernando del Paso en “Palinuro de México”
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 303

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