Genio

Tenía la idea más genial del mundo; pero era un desequilibrado emocional que nunca terminaba lo que empezaba.

Sin embargo, la idea (que era la más genial de cuantas se hayan concebido) fue como una semillita que no germinó y siguió esperando hasta que llegó el descendiente de la décima generación.

¡Lástima que era un pobre demente peligroso que terminó sus días en las inmundas habitaciones de un manicomio!

Pasaron las generaciones. La semillita, oculta en un código genético a través de los siglos, brotó un día, se desarrolló y dio frutos: seis millones de judíos muertos y sólo Dios sabe cuántos más.

Elizabeth Curiel
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 325

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