Envidia

Mediante un profundo análisis por computadora de la infinita variedad de características sociofísicopoliticosicoantropoeconómicas de cada uno de los individuos del planeta, el grupo interdisciplinario llegó a la conclusión de que a todos los seres humanos están, gracias a Dios, hechos del mismo barro.

Guillermo Farber
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 405

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“El cuento, revista de imaginación” en TVNL

angel robles canal 28 tvnl

Ángel Robles Cárdenas de la Dirección de Televisión Estatal y Radio Nuevo León nos informa e invitan a sintonizar el canal 28 de TVNL, (http://www.ustream.tv/channel/tvnl) el próximo día lunes l7 de febrero sintonicen el programa “La otra tarde”, donde charlará sobre los 50 años de la revista “EL CUENTO” y promocionará nuestro Blog. Estén pendientes en horario de 14:00 a 15:00 hrs.

La tos

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Crecía mi tos y despertó la curiosidad de la gente que me rodeó en medio de la calle. Pero yo no quería distraerlos y haciendo un gran esfuerzo arrojé al conejo que llevaba en la garganta y salió corriendo la calle adelante dejando un hilillo de sangre cada vez más tenue. Y así disolví el grupo.

A. F. Molina
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 404

Fragmento de un diario íntimo

Octubre 25:

¡Qué aventura la de esta noche que está por concluir!

Todo comenzó por la archiconocida situación de la mujer hermosa que se lleva el cigarrillo a los labios y del hombre apuesto que le ofrece fuego. El movimiento de su mano protegiendo la llama no tenía otra finalidad que tocar mi mano. Sin dejar de mirarme a los ojos con sus ojos extrañamente amarillos, dejó correr sus dedos con descuido. Al tropezar con el anillo, lo examinó palpándolo con las yemas antes de mirarlo. Orientó mi mano hasta que la escasa luz le permitió leer la letra de oro incrustada en la piedra. “¿Daniel?”, propuso. “Podría ser”, le respondí. En su mirada apareció una repentina sorpresa. “Ah, el enigma”, musitó, demorándose en las palabras. Y de pronto echó la cabeza hacia atrás y rio con una risa exuberante y breve. El blanco azulado de su garganta brilló un instante.

Tomándome de la mano, me arrastró hasta la pista de baile. Giró sobre sí misma, y por un momento la blancura de su cuerpo fue como un fogonazo en la oscuridad. Ceñí su cintura con mi brazo, hundí mi rostro en sus cabellos negros. Otro giro la liberó. Se elevó, volvió hacia mí. Al pegarse de nuevo a mi cuerpo, deslicé mi mano por entre el escote y la posé sobre su seno izquierdo. Antes de que se alejara mediante otro giro alcancé a sentir una intensa delicia el palpitar acelerado de su corazón. Me dijo que no con la cabeza, pero el fulgor de su mirada amarilla la traicionaba.

En efecto, algunas horas después fuimos a su departamento. Sin decirle nada, sin permitir que me dijera nada, la desnudé. Besé sus labios, mordí sus pezones, hundí mi lengua en su ombligo, atormenté su clítoris. Arrebatada por el irresistible orgasmo, clamó que la penetrara. Entonces, en ese momento tan buscado durante toda la noche, cuando ya su voluntad me pertenecía por completo, la taraje hacia mí, hundí limpiamente mis colmillos en su garganta y empecé a beber su sangre, mientras ella gritaba de dolor, de placer, de pánico, qué sé yo.

Brames Toker *(SIC)
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 401

Todos los inocentes

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Al terminar su arenga acerca de las faltas ajenas, y para hacer concientizar al auditorio el grado de tolerancia sobre ellas, midiendo y sopesando las propias, el predicador dijo:

—Hijos míos, recordad siempre aquello de “El que esté exento de culpas, que arroje la primera piedra”.

Y murió lapidado por la multitud.

Héctor Sandro
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 394
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Maravillas oftalmológicas

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Sus días transcurrían monótonos, siempre exactamente uno igual a otro.

Las cosas que sucedían a su alrededor eran siempre las mismas.

Siempre eran las mismas las personas a las que veía, y eran los mismos los lugares que frecuentaba y transitaba siempre.

Para huir de semejante rutina de circunstancias, comenzó a usar gafas con caleidoscopio incorporado.

Héctor Sandro
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 394