En defensa propia

Me observaba en el espejo y encontraba tu mirada. Siempre allí, con tus ojos escrutadores, fríos, pesados como un ancla, como un fardo, como un pecado.

Dejabas que me alejara, atada con el fuerte lazo de tus reproches; velabas mi mente con tus críticas y tus palabras se enredaban en mi cuello, traspasaban la garganta y se deslizaban hasta el corazón, carcomiéndolo sin piedad.

Mi horizonte era el tuyo y hasta en mis sueños aparecías vigilante, frustrado cualquier intento de nocturna huida.

Cada acto que realizaba iba acompañado de tu amargura silenciosa, de tus irónicas sonrisas, de tus frases inconclusas… de mis cárceles mentales.

Esta tarde pasé frente al espejo, me detuve y miré: sólo estabas tú…

Por eso voy a matarte. Por eso tomo el arma, pongo el cañón sobre mi sien y disparo.

Ana Leticia Gaspar Bojórquez
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 416

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