El distraído

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Había una vez un hombre en el reino de Chil que tenía sed de oro. Una mañana se vistió con elegancia y fue a la plaza. Nada más llegó ante el puesto del comerciante, se apoderó de una pieza y escabullose.

El oficial que lo detuvo le preguntó: —¿Por qué robó el dinero en presencia de la gente?

—Cuando tomé el oro –contestó—, no vi a nadie, no vi más que el oro.

Lie Dsi
No. 16, 1965
Tomo III – Año II
Pág. 289

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