Liberación

La realidad era tangible; pero él quería conservar el dudoso beneficio de la duda. Después de trece años de matrimonio, de unión, todo se quebró y sin que ambos hubieran querido evitarlo, habían pasado ya tres años de indiferente separación. Pero él podía asegurar que todo seguía igual. Aunque ignorase todo cuanto a ella se refiriese. El conservar a los tres hijos de ambos, lo hacía ya sentirse hermafrodita, si acaso, ella fue receptáculo, pero no madre.

Por eso, cuando supo que ella, muy lejos, sin saber dónde, iba a ser madre por cuarta vez, él sintió que dejó de ser padre, que dejó de ser madre, que dejó de ser hombre. Fue entonces que se liberó

Luis García Bonilla
No. 39, Noviembre – Diciembre 1969
Tomo VII – Año V
Pág. 38

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