El escritor

El escritor decidió, de un tirón, escribir sus obras completas. Sentóse ante la máquina de escribir y comenzó a teclear. Su poderosa rapidez hacía que el papel casi se quebrara. Durante veinte siglos, el escritor, escribió y escribió. Al fin, viejo, con aspecto de Matusalén y olor a polillas futuristas, puso el punto final. Dejó lista la última frase. Le dolían los riñones y la milenaria espalda despedía un llagado olor acre. ¡Tantos siglos sentado! Al levantarse del asiento percibió un gran error: había olvidado colocar cinta en la maquinilla…

Con aire agotador caminó lentamente hacia el pequeño armario, tomó la agria pipa que reposaba junto a una vieja pistola cuarenta y cinco, encendió el aromático tabaco, con los ojos entornados puso su mano sobre la cinta y la colocó en la maquinilla…

Marcio Veloz Maggiolo
No. 39, Noviembre – Diciembre 1969
Tomo VII – Año V
Pág. 50

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