El soldado

Había perdido en la guerra brazos y piernas. Y allí estaba, colocado dentro de una bolsa con la cabeza fuera. Los del hospital para veteranos se compadecían mientras él, en su bolsa fuera, pendía del techo y oscilaba como un péndulo medidor de tragedias. Pidió que lo declarasen muerto —vieja costumbre norteamericana para mutilados de guerra— y su familia recibió un mal día el telegrama del Army: “Sargento James Tracy, Viet-Nam, murió en combate”.

La madre lloró amargamente y pensó para sí: “hubiera preferido parirlo sin brazos ni pernas; así jamás habría tenido que morir en un campo de batalla”.

Marcio Veloz Maggiolo
No. 39, Noviembre – Diciembre 1969
Tomo VII – Año V
Pág. 49

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