Minos

Caminaba por el inmenso sótano. Oscuras paredes, y a lo lejos la luz de lo que parecía ser la salida. Arribaba a ella, luego comprendía que no, la abertura siempre daba a un sótano más frío y oscuro. Durante meses anduve perdido. ¡Qué digo perdido!, ¡qué digo meses, años! Hallé puertas esperanzadoras, creía arribar al fin al mundo exterior, a la luz definitiva, y, de improviso, caía nuevamente en la oscuridad. Por fin, un día —o una noche, quién sabe—, sin proponérmelo, me encontré bajo el cielo azul. Había salido del laberinto. Miré a mi alrededor y observé árboles, animales, y gente. Los mismos árboles, animales y gentes que hacía meses o años, había observado cuando entré en aquel túnel. Desde entonces no sé si verdaderamente salí o si en realidad aquella salida no era otra cosa que una entrada a la inversa. Perdón… ¿Podría alguien orientarme?

Marcio Veloz Maggiolo
No. 39, Noviembre – Diciembre 1969
Tomo VII – Año V
Pág. 50

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