Ese líquido verde

Llaman a la puerta. No espero a nadie; me extraña que llamen. Sin embargo, abro. Hay una muchacha de uniforme y ojos verdes; sonríe, muestra un portafolios y me dice:

—¿Me permite pasar? Es una demostración gratuita domiciliaria.

No lo pienso; me hago un lado y entra, al tiempo que abre el portafolios. Extrae una franela y un frasco, pero aún no reparo en esto; detrás de ella entra un payaso, que se para de manos en el centro de la pieza, y hay más gente afuera.

La muchacha humedece la franela con el contenido del frasco —un líquido verde— y comienza a pasarla por la mesa, frotando lentamente con movimientos circulares. Ha entrado una pareja de equilibristas que hacen pruebas maravillosas; una consiste en hamacarse, colgados de la araña, y dar una vuelta completa en el aire y caer de pie, haciendo un saludo; pero yo estoy atento al domador que entra con un león y un tigre (que gruñen con sonidos estomacales y peligrosos), y luego a la écuyere de pie sobre el caballo, y a los camellos y a la jirafa y al elefante; éste queda trabado en la puerta, a pesar de que el director ha abierto especialmente las dos hojas. El elefante tiene una expresión penosa mientras el domador y el payaso lo empujan hacia afuera, para destrabarlo; luego lo empujan de nuevo hacia adentro, torciéndolo ligeramente, y logran hacerlo pasar.

Quedaba el motorista suicida que irrumpe con ruido infernal, a gran velocidad, da vuelta por las paredes y hasta por el techo.

Me acerco a la muchacha  y le digo que ya tengo bastante de su demostración domiciliaria, que ya no me interesa, que no he de comprar, de todos modos, ningún producto; que está perdiendo su tiempo, y yo el mío.

No se enoja; sonríe interrumpe sus movimientos circulares, guarda sus cosas, me saluda y sale. Mientras baja la escalera y sale. Mientras baja la escalera me asomo y le grito:

—Y llévese también su circo. ¡Por Dios!

—¿Mi circo? —pregunta, asombrada— ¿Qué me dice? Esa gente no ha venido conmigo.

Mario Levrero
No. 39, Noviembre – Diciembre 1969
Tomo VII – Año V
Pág. 92

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