Penetración

Te prometo, hijo mío, oír tus recriminaciones una vez que hayas completado tu período de gestación.

Enrique Novelo B.
No. 39, Noviembre – Diciembre 1969
Tomo VII – Año V
Pág. 107

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Lucy, alucinante

Lucy, sirvió la tercera tanda de su coctel favorito, viaje a  la luna, según le llama a un compuesto de whisky, ginebra, ajenjo, Martini dulce y hielo.

Levantó la copa rebosante del dorado líquido:

—Salud…!

—Salud.

Saboreamos lenta, suavemente ella y yo, el viaje a la luna. Luego Lucy exclamó:

—A estas alturas quisiera escribir un cuento moderno, como los que publican las grandes revistas femeninas y cuyos autores ni ellos mismos le entienden a lo que escribieron.

Afirmé con una leve inclinación de cabeza. En esos momentos sentí en el cerebro los efectos de la exótica mezcla capaz de derribar a un elefante y no pude menos que pensar:

“Después de haber ingerido ésta, habrá todavía quien vaya a Huautla, Oaxaca tras los hongos alucígenos”

 

Gladys María de Jesús Guerrero Sánchez
No. 39, Noviembre – Diciembre 1969
Tomo VII – Año V
Pág. 107

Víctor de la Cruz

Víctor de la Cruz

Víctor de la Cruz

Es  licenciado en Derecho y los grados de maestro y doctor en Estudios Mesoamericanos en las Facultades de Derecho y Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y desde entonces ha seguido una trayectoria inmersa en la creación literaria.

Fue profesor de Filosofía, Historia y Redacción en el Instituto Tecnológico del Istmo, de 1974 a 1979, y profesor en el programa de formación profesional de etnolingüistas del Centro de Investigaciones Superiores, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), entre 1979 y 1980.

La Academia destaca que en 1990 De la Cruz fue profesor en el programa de licenciatura en Antropología, en el sistema abierto de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), en Oaxaca, y profesor del programa de maestría en Literatura en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

También, ha sido asesor del Centro de Investigación y Desarrollo “Binnizá”, A. C. (zapoteco del Istmo), y lo es ahora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), en Oaxaca. Es investigador nacional nivel uno en el área de humanidades y ciencias de la conducta.

Algunos de los títulos de sus libros, tanto científicos como de poesía, han sido traducidos al inglés, francés, italiano y alemán. De su narrativa destacan “Primera voz” (1968), “El problema de la validez del derecho” (1973), “Diidxa’ sti’ Pancho Nácar” (1973-1982), y “Los niños juegan a la ronda” (1974).

Otros títulos que ha publicado son “Cuatro elegías” (1979), “Dos que tres poemas” (1979), “Canciones zapotecas de Tehuantepec” (1980-1983), “Corridos del Istmo” (1980-1983), “Las guerras entre aztecas y zapotecas” (1981) y “La rebelión de Che Gorio Melendre” (1983).

Es autor igualmente de “La flor de la palabra”, antología bilingüe de la literatura zapoteca (1999), “Aspectos históricos de la educación en Oaxaca”, “La educación en las épocas prehispánicas y colonial en Oaxaca” (1989), “Jardín de cactus” (1991) y “Antología literaria de Oaxaca” (1993), entre otros libros más.

Víctor de la Cruz ha recibido premios y distinciones entre los que se cuentan el Nacional de Ensayo para el Magisterio, el Casa Chata, un reconocimiento al Mérito en Investigación Científica del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y el Premio Francisco Javier Clavijero.

El escritor Víctor Terán  considera a Víctor de la Cruz  como  uno de los tres pilares que sostienen nuestra comprensión de lo que fue y es la cultura binnizá. Los otros dos, son: el fraile Juan de Córdova, y el espinaleño Lic. Wilfrido C. Cruz.

Es el investigador más importante, por su rigurosidad científica, sobre la cultura zapoteca, reconocido actualmente en el país. Su aporte a la cultura binnizá es amplio y profundo: sus libros de poesía; los que hablan acerca de nuestra historia, como “La rebelión de Che Gorio Melendre”, “La rebelión de Tehuantepec”, “José F. Gómez”, “El calendario Zapoteca”; la revista Guchachi’ Reza; su antología acerca de la literatura binnizá; y otros trabajos que no recuerdo ahora.

“Desgraciadamente sus investigaciones y trabajo literario, no han tenido la difusión necesaria. La estupidez de nuestros gobernantes, de ayer y de hoy, ha desaprovechado la importantísima obra del Dr. juchiteco Víctor de la Cruz Pérez , negando a las nuevas generaciones la oportunidad de saber sobre su origen y amar a su cultura.”

 “De esta dejadez de las instituciones y gobiernos, proviene la crisis de identidad que padecen los jóvenes y niños actuales, quienes crecen sin raíz y serán y andarán como hojas secas en el mundo.”

El poeta Terán recalca que  para comprender hoy lo que somos, lo que fue la altísima cultura binnizá, debemos leer la vasta y riquísima obra del poeta, promotor cultural e investigador Juchiteco Víctor De la Cruz Pérez.

“¿Qué le hubiera costado al gobernante municipal de su pueblo reproducir su obra?  o, ¿ mandarlo a llamar para proyectar un museo de lo nuestro en Juchitán? ¿qué puede costar un homenaje a este extraordinario juchiteco? Mi respeto, mi admiración y mi agradecimiento a este gran humanista.”

En tanto el  escritor  Manuel Matus  asegura que Víctor de la Cruz es un “ poeta en dos lenguas, pertenece de todas maneras a la más pura tradición de la poesía zapoteca. Su voz es la continuidad de quienes en el Istmo han sostenido las palabras del canto y de las flores; tales han sido Pancho Nácar, Enrique Liekens, Andrés Henestrosa, Gabriel López Chiñas y Carlos Iribarren, así como los mantenedores de la literatura oral. Al mismo tiempo que es hereredero, también hereda a otro grupo de poetas más jóvenes, de tal manera que su intermediación es a la vez la transmisión y el transmisor.”

 Además recalca que “es compilador del más clásico libro en lengua zapoteca, La flor de la palabra, antología que eleva y encumbra esta lengua viva y captora de su propio mito. Víctor de la Cruz carga con la responsabilidad de continuar con esa tradición oral  de los viejos y la tradición escrita de las lenguas, cosa de orgullo, compromiso del poeta, amor a la lengua, continuidad.[1]

La muerte del amante

Una por una, las almenas, las altas torres, van perdiendo su luz y confundiéndose con las sombras. Apenas si sobreviven los ladridos de los perros, el silbato del velador y de cuando en cuando el ruido lejano de un motor. Él, recargado sobre una pequeña barda que separa la azotea de su casa con la vecina, consulta su reloj, y pone un pie en el otro techo, en el instante mismo que una muchacha, en la ventana frontera, se entregaba a la delicada tarea de desvestirse: se quita la ropa que abriga sus senos, que se caen como dos pesados mangos; después el último vestigio de tela que le cubre la parte inferior del cuerpo, para quedar limpiamente desnuda, mientras se acaricia el vello púbico. Antonio al saltar pierde el control de su cuerpo, y tropieza con un tanque de gas vacío. El escandaloso tanque rueda por la azotea, despierta a los perros que comienzan a ladrar, él, desesperado, intenta regresar; pero en el preciso momento que saltaba la barda, una bala le perfora la nuca.

Al día siguiente los periódicos dieron noticias profusas sobre el “ladrón muerto por unos vecinos, cuando intentaba penetrar en una lujosa mansión”

Aquella noche él durmió con su muerte.

Víctor de la Cruz
No. 39, Noviembre – Diciembre 1969
Tomo VII – Año V
Pág. 107

Cuento

Aire, pegajoso; te fuiste sumiendo lentamente en el sopor caliente.

La noche estaba viva. Chicharras, mosquitos, aves nocturnas… ¡Uh u u u!

Atmósfera que era manta pesada… no se movía la hoja en la rama… Tu cansancio reposó en el sueño mecedor de la hamaca.

Porque Chiapas, aserradero de maderas finas. Tuviste presente que los hombres se iban a formar al otro día, en frente de tu casa-despacho, a recibir sus rayas.

Te quedaste dormido, tranquilo, cansado. Hasta entonces comprendiste lo que era dormir por cansancio… Tu sueño era tan profundo que no advertiste que afuera había alguien que preguntaba:

—¿De veras viste dónde guarda las rayas?

—Sí, ¿no te dije que en su escritorio tiene un cajón cerrado con llave, el único que tiene llave? Pues ahí las tiene.

—Bueno, si se despierta, ya sabes…

Y entraron, y tú dormías, y mientras uno se iba directamente al escritorio, otro se paraba detrás de tu cabeza con su cuchillo en la mano.

Te despertaron al tratar de forzar el cajón… Los sonidos antes arrulladores de la noche, estallaron en tu cabeza.

Te incorporaste a medias solamente, porque una mano áspera te tapó la boca y un filo de acero se te clavó en el cuello. Lloraste sangre y lágrimas y te recostaste lentamente, envuelto por el aire pegajoso, sobre el ensueño mecedor de la hamaca

 

Luis Fco. Salinas Olavarría
No. 39, Noviembre – Diciembre 1969
Tomo VII – Año V
Pág. 107