La balada del juglar

No sé cómo se me desbalagaron las palabras, de la boca. Ya lo sabía yo desde mucho y sin embargo alguna comezón me soltó las riendas de la lengua… ¡Ah que´l coronel tan atravesao…! Cuando vi que estaba apretando la copa era el momento de´ver jala opa otra parte… ¡Pero qué carajo!, ¡Uno también usa pantalones manque no sián de melitar! ¡Nomás faltaba que un capricho de viejo mula me cortara las ganas de andar cantando lo que se m´iantoje!…

¡Total!, si yo nomás canto purititas verdades… Yo qu´iba saber que le´staban atinando a su ruleta… Yo recogí la trova muy lejos de´ste polvoriento pueblo; y allá donde me lo contaron no era ningún secreto… Y en demás, no es cosa que sólo a uno le haiga pasado, con eso de que cada marido se siente gallón en las corraleras ajenas y siente que en la suya sus gallinas están seguras, naiden sabe con qué zopilote pierde las pisadas… L´único que siento es no´ver traido cuete conmigo, no que m´hizo huarachearle el jarabe y escapar de´stampida… ¡Y eso sí que no es de machos!… ¡Cómo me´biera gustao que los mesmos que me vieron correr, vieran vido los ojotes cuando le barajé de cerca la cuchilla por el pescuezo!… ¡Hasta me quería regalar la pistola! L´único bueno es que yo canto purititas verdades… Y ya tengo otra d´esas de amores…

“Dícen que la linda Juana
l´esposa del coronel…
s´encontraba esta mañana
muy solita en el cuartel…

 

Roberto Oropeza Martínez (G.O.)
No. 39, Noviembre – Diciembre 1969
Tomo VII – Año V
Pág. 110

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