Cacería

Permanece estirado, boca arriba, sobre la estrecha cama de hierro. Con los ojos apenas entreabiertos busca en las extrañas líneas del techo el comienzo de un camino que lo aleje de su perseguidor. Durante noches enteras ha soportado la tenaz persecución atravesando praderas de hierbas venenosas, vadeando ríos de vidrio molido, cruzando puentes frágiles como galletas. Cuando el perseguido está a punto de alcanzarlo, cuando lo siente tan cerca que su aliento le quema la espalda, se revuelca en la cama como un gallo negro que recibe un espuelazo en pleno corazón. Entonces el perseguidor se detiene y descansa arrecostado a un árbol esperando que la víctima cierre los ojos para reanudar la cacería.

Ednodio Quintero
No. 69, Abril – Junio 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 321

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