La moneda

Trabajó veinte años. Su cuerpo languideció por la falta de alimentos. Su piel se resecó. Su piel se resecó con el tiempo. Sintió frío, hambre, pobreza espiritual y física. Vino el fin. Con convulsiones febriles derritió las monedas acumuladas en sacos. Hizo una moneda descomunal y estática.

Llenó un jarro con agua y se tragó la moneda como una aspirina.

Holmes Ocaña González
No. 69, Abril – Junio 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 327

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