Soldado William Mulcahey

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Nos arrastramos hacia el nido de ametralladoras, cada hombre con una granada en la mano y listo para lanzarla, arrastrándonos lentamente, abrazando la tierra, tratando de no hacer ondear las densas hierbas. Entonces los alemanes nos descubrieron y abrieron fuego, gritando excitados.

Nos levantamos de un salto y lanzamos nuestras granadas y corrimos hacia adelante disparando nuestros rifles, nuestras bayonetas listas para la lucha… Entonces algo me golpeó de lleno y caí de nuevo entre las hierbas. Disparos nerviosos surgieron en toda la línea. Hubo maldiciones y gritos y luego, unos minutos después, todo estaba en calma excepto Pete Staford, que se arrastraba de regreso rumbo a nuestra línea apoyado en los codos y diciendo una y otra vez “¡Mi pierna está rota! ¡Mi pierna está rota!…”

Alcé la cabeza y traté de hablar a Pete, pero el suelo se ladeó hacia arriba y luego empezó a girar como una ruleta. Me recosté nuevamente entre las hierbas. “Nunca sabré cómo acabará la guerra”, pensé. “Ya nunca sabré si los alemanes ganarán o no”.

William March: Company K
No. 18, Noviembre 1966
Tomo III – Año III
Pág. 490

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